28 junio 2009

BALTISTAN

Tras el trekking del Nanga Parbat, regresamos en jeep compartido a Astor, donde enlazamos con un minibús para volver a la Autopista del Karakorum y continuar al norte por ella hasta Gilgit; el pueblo más grande e importante del norte, con variedad de hoteles, comida, gente…

Aquí nos alojamos en el más reconocido hotel entre viajeros, Madina Guest House, con gente majísima, y muy buen ambiente; por aquí conocimos a Fernando, un chico español que viene a hacer parapente por el Karakorum.

Gilgit lo usamos como base para descansar, comer bien, escribir y ponernos un poco al día con internet. La calle principal está muy animada, con gente de muchas razas diferentes, incluso ya se empiezan a ver chinos debido a la cercanía con el país; al contrario que los habitantes de Indus Khoistan, mas reacios a ser fotografiados, en Gilgit la gente es encantadora; charlamos con ellos, hacemos fotos… Abundan las tiendas de frutos secos, nueces, almendras…


De nuevo viajamos al este de la Autopista del Karakorum, un desvío más al norte que el de Astor, nos lleva por una vertiginosa carretera hasta el área de Baltistan; también conocido como “pequeño Tíbet” igual que Ladakh. Realmente son muy parecidos geológicamente, y ambos son atravesados por el río Indo que separa el Himalaya del Karakorum, y la placa del subcontinente indio, de la placa asiática.

La carretera una vez más, da pánico, en un principio vemos el macizo del Nanga Parbat perfectamente al sur, luego entramos por un cañón con la carretera excavada en la roca, mientras el conductor del minibús va muy muy deprisa; las montañas son una maravilla como de costumbre, en el camino vimos gente trabajando en minas excavadas en mitad de las paredes verticales sin apenas acceso.


Al llegar a Skardu el valle se ensancha y el Indo fluye por multitud de canales entre isletas de fina arena blanca que en ocasiones forman dunas; un paisaje muy similar, o igual al valle de Nubra; y es que de hecho si seguimos el valle al este, no muchos kilómetros más allá, llegaríamos donde estuvimos hace un mes en India, pero como ya dijimos las “Líneas de Control” están totalmente vetadas a los extranjeros.


Skardu es la “capital” del Baltistan, situada a 2.290 metros y rodeada de altas cumbres nevadas; en éste primer día que llegamos paseamos por el pueblo y visitamos una curiosa mezquita chií, Qatal Gah; parece sacada de un cuento, llena de cristales y muy colorida.


La gente del norte de Pakistán tiene unos rasgos muy diferentes al sur quienes son prácticamente iguales que indios. Aquí muchos tienen el pelo castaño, los ojos verdes, y la piel bastante blanca; son mucho más cercanos a los centroasiáticos, que a los habitantes de subcontinente. Otra de las teorías son los llamados “Hijos de Alejandro Magno”, las tropas de este hombre preñaron a muchas mujeres de la zona durante su intento de conquistar India, de ahí la descendencia que ha quedado.
En la foto se ven las niñas locales, y las otras chicas que son del sur de Pakistán.


A 9 kilómetros de Skardu está el Lago Satpara, formado por agua glaciar y enclavado entre áridas montañas; pasamos allí la tarde en un ambiente muy relajado. Se está construyendo una gran presa que hará subir el nivel de agua 30 metros y romperá un poco el encanto del lugar. El transporte para llegar es privado, así para el regreso hicimos autostop los cuatro y no hubo ningún problema para bajar a Skardu de nuevo.



Casi cada día se levanta un fuerte viento que mueve arena, convirtiéndose en una especie de tormentas de arena fortísimas, nos pilló una muy grande mientras íbamos camino del museo italiano del K2; una bonita exposición de fotos donde relataban las diferentes expediciones en los años ’20, y ’50, y la primera conquista del K2 por el italiano Lino, en 1954; cuando los medios eran muchísimo más primitivos comparándolo con las fotos de la expedición del 2004.


El K2 es la segunda montaña más alta del mundo (8.611 metros), se halla en la cordillera del Karakorum, donde están los glaciares de montaña más largos del mundo, (fuera de los casquetes polares) Bajo el K2 se extiende el tercer glaciar más largo del Karakorum, el Baltoro (62 km), y sobre éste se hallan 7 de las 25 montañas más altas del planeta. En resumen, el Karakorum es un mundo maravilloso, remoto, duro, de hielo y nieve, con altísimas y escarpadas montañas.

El último día nos acercamos a un fuerte sobre la montaña de Skardu, y seguido la rodeamos hasta la parte trasera, a través de un camino muy bonito de vértigo. Desde aquí tenemos vistas muy interesantes del Indo, el cual forma las isletas que hablábamos con árboles salteados por ellas; la arena tan blanca a veces incluso puede dar la sensación de isla tropical, dependiendo como se mire.


La parte trasera de la montaña es como una gran playa con árboles, un lugar idóneo para relajarse y comer un picnic.


Pero lo mejor, más accesible de Baltistan, no está aquí, si no en la villa de Hushe; el lugar accesible por carretera que más se adentra en la espectacular cordillera.
Para llegar seguimos el valle del Indo hasta cruzar un puente, donde dejamos el río Indo camino a Leh en Ladakh, y más allá está Khaplu donde nos desviamos al norte; de seguir recto llegaríamos a Hunder y Diskit en el valle de Nubra.


Desde Khaplu hasta Hushe la carretera es muy mala de piedras, pero las montañas y el valle son espectaculares; atravesamos villas muy bonitas donde la gente vive aislada.


En Hushe nos alojamos en la única guest house que hay, regentada por Hasan un tío majísimo con mucho humor, siempre riéndose. La primera sorpresa es cuando vemos que muchos de los habitantes de Hushe, incluido Hasan, hablan cuatro palabras en español; y es que junto a la guest house se está construyendo un hotel con el dinero de un ONG española, y no sólo eso, hay multitud de cosas que estos españoles están haciendo por la comunidad como enseñarles técnicas de cultivo, o colocar paneles solares para un área común con agua caliente…


La tarde que llegamos pasemos por la villa, colándonos por todas las callejuelas; ésta gente lleva una vida muy dura aquí en la montaña; aún así nadie borra la sonrisa de la cara; los niños nos piden fotos continuamente, a lo que yo acepto encantado, las niñas son más reacias pero alguna foto si se puede hacer; las mujeres es la historia de siempre, sacar la cámara de fotos es igual que sacar un arma de fuego.


La población es Islámica como siempre en Pakistán, pero aquí son de una rama diferente llamada “Nubras” (así lo denominan ellos) o más conocida como sufí; su filosofía es sencilla: Paz y no hacer daño; al igual que en muchas partes de Pakistán, los Talibanes están muy mal vistos; los Talibanes son una gente que hace mucho daño a la reputación de los musulmanes, pues lo que ellos hacen no es Islam sino una interpretación errónea del Corán junto a leyes ancestrales de la tribu Pashto.

El idioma local se llama Balti y es prácticamente igual que el tibetano; esta zona fue budista durante muchos siglos hasta la llegada del Islam en el siglo XV.

Desde Hushe son perfectas las vistas del valle del pico Masherbrum (7.821 metros), y el valle que lleva las expediciones al K2. De todas formas mire donde se mire es realmente espectacular.


La primera mañana que pasamos en Hushe amaneció un día espectacular, indicándonos que era el día propicio para hacer una marcha a una cumbre cercana desde donde podemos divisar el K2.

Partimos pronto cruzando el río Hushe al lado oeste y pronto comenzamos una dura ascensión siguiendo el río Humbrok, apareciendo a nuestras espaldas montañas escarpadas con diversas agujas entre ellas, y el valle a nuestros pies donde se ven claramente los campos de cultivo.


Al terminar esta ascensión nos dimos de frente con el pico Humbrok (6.459 metros) y su glaciar, un poco más adelante esta la villa de Humbrok situada a 3.680 metros, habiendo salvado ya 630 metros desde Hushe.
Humbrok realmente no es una villa si no unas casa de piedra que sirven de refugio a los pastores que a veces pasan temporadas fuera de sus hogares.


De nuevo cruzando el río teníamos delante una enorme montaña que no sabíamos por donde coger debido a su verticalidad; vimos dos accesos y elegimos el pedrero para ascender. Fue muy duro ascenso, donde muchas piedras se movían a nuestro paso, pronto llegaron bancos de nieve que debíamos esquivar; a pesar de lo escarpado continuamos muy lentamente divisando una cumbre más junto al pico Humbrok, en forma piramidal y con un glaciar blanco cayendo de ella.


Ascendimos hasta que la nieve nos paró, ya no había hueco por donde colarse, así que nos quedamos a muy pocos metros de la cumbre, de cualquier manera las vistas desde esos 4.100 metros eran alucinantes; el escarpado pico Laila, y el mismísimo K2 que pese a su lejanía pudimos ver su cima. Es el pequeño pico que se ve atrás de todo, blanco completamente.


Para lo que no hay palabras es del festín que nos dimos ahí mismo; jamás habríamos imaginado comer un bocata de chorizo con semejantes vistas y a tal altitud. Mis padres que subieron como unos campeones, se encargaron de haber traído dicho chorizo desde España…


Para la bajada elegimos otro camino, pues por el pedrero caían piedras de arriba a mucha velocidad y no era muy seguro; el otro camino, aunque de tierra, era igualmente abrupto y el descenso fue muy lento.


Después de más de nueve horas de marcha, el día siguiente lo pasamos de relax por la villa visitando un museo muy interesante. Un hombre muy majo que esta siempre por la guest house, cuida del lugar y recoge reliquias de los pueblos de la zona, haciendo una bonita colección para mostrar a los extranjeros que pasan por aquí. Nos contó que Hushe tiene una historia de 800 años; un hombre apareció aquí por entonces, y se encontró el área cubierto de lagos, a los cuatro años regresó y vio que ya no había agua comenzando el asentamiento; entonces lo denominó “Hush” que en la lengua balti significa “mojado”, de ahí el nombre de Hushe.


Pasamos mucho tiempo con los niños de la villa haciéndoles fotos; fueron muy majos y muy revoltosos también; pero se merecen un apartado de fotos especial…


Hasan, el hombre de las guest house nos preparó esta noche una tortilla de patata, nada que ver con las de España, pero daba el pego, y un agrado pues aquí solemos comer siempre arroz.


El último día, aunque con mal tiempo, hicimos el trekking del glaciar Masherbrum, una marcha tranquila sin mucho desnivel y a través de un amplio valle lleno de piedras de todos los colores, como en cualquier lugar del norte de Pakistán.


Al final del valle, éste se divide en tres; uno es restringido, es el que va al campamento base del K2; nosotros tomamos el del centro siguiendo el río hasta llegar al glaciar enorme que baja de la gran montaña. El agua brota con muchísima fuerza bajo el glaciar, el cual está vivo y debido al deshielo lanza piedras desde lo alto continuamente.


Al regreso encontramos un grupo de turistas acampados con sus guías, quienes habíamos encontrado el día anterior en Hushe. Nos invitaron a tomar un té que vino de lujo, y nos comentaron que próximamente se abrirá una carretera de acceso a Ladakh (India) a través de la “Línea de Control”, lo cual indica una gran mejora entre las relaciones de ambos países.


Regresamos todo el camino de vuelta a Skardu, y al día siguiente de vuelta a Gilgit por la misma carretera; pero a unos pocos kilómetros de la estación de buses encontramos una huelga y no podíamos pasar; un grupo de personas estaba quemando neumáticos y habían puesto piedras en la carretera.


Finalmente cansados de esperar y viendo que aquello no iba a levantar, cogimos las mochilas y pasamos andando, y tras un kilómetro caminando paramos un jeep que nos llevó en la caja hasta la estación de bus. La gente del jeep era muy maja y se ofreció a llevarnos hasta el hotel en el centro de Gilgit; mientras iba colgado atrás con uno de los chicos, este me contó que las huelgas son debidas a la muerte de un estudiante el día anterior; el chico estaba retenido por la policía por algún motivo, y éstos le torturaron hasta matarlo… Todas las tiendas del pueblo estaban cerradas, las calles desérticas, y se veían continuos restos de las barricadas montadas por todo el pueblo.


Gilgit nos sirve de nuevo como base, para estar tranquilos, respirar, y preparar los próximos planes…

26 junio 2009

KARAKORUM HIGHWAY (NANGA PARBAT)

La autopista del Karakorum, se construyó fruto de las buenas relaciones entre China y Pakistán años después de la partición; se comenzó a erigir en 1966, terminándose 20 años después. Esta carretera no es una cualquiera, en ocasiones se compara con grandes obras de la antigüedad o incluso se la llama localmente como la octava maravilla; aunque se la llame autopista no significa que sea como las que conocemos en Europa, en ocasiones la calzada se rompe, estrecha, caen piedras de la montaña... aún así siempre se ha intentado mantener dos carriles habilitados para el trafico. Lo increíble de ésta carretera es que atraviesa parte de la cordillera del Himalaya y otra gran cadena montañosa igualmente impresionante y que da nombre a la autopista; la cordillera del Karakorum. Son 1.200 kilómetros, desde Havelian (no lejos de Islamabad) hasta Kashgar en China en la provincia de Xinjian.

La ocasión de estar aquí nos hizo alquilar un coche para recorrer parte del recorrido en la parte Pakistaní, desde Islamabad a Talechi en dos jornadas, y así verlo con detenimiento; los autobuses locales son nocturnos y uno se pierde mucha parte del paisaje.

Tomamos dirección a Peshawar donde este mismo día hubo un atentado muy grave con 15 muertos; según el conductor que llevamos no es cosa de extremistas islámicos, sino cosa de India o Rusia…

Al rato nos desviamos al norte hacia la región de Hazara, que pertenece a la provincia “North West Frontier” actual zona en conflicto; aunque el área que rodamos no implica ningún peligro.


Cuanto más avanzamos las colinas se van acentuando más, todo es muy verde y vamos pasando por pequeños pueblos con muchos puestos de fruta; al igual que en el norte de India, el cannabis crece mucho más salvaje a los lados de la carretera durante cientos de kilómetros.

Havelian es el comienzo, (o final) oficial de la autopista del Karakorum; le sigue Abbottabad donde se produjo un gran terremoto hace pocos años que ha dejado muchas secuelas; a la altura de Mansehra existen vestigios budistas de la época de rey Ashoka quien gobernó el subcontinente en el siglo III a.c.

Al norte de Hazara comienzan las zonas tribales donde habitan los Pashto; el segundo grupo étnico de Pakistán, quienes habitan en su mayoría entre Afganistán y Pakistán. Los Pashto son un pueblo antiguo, muy bravo y con sus propias leyes y códigos que ni siquiera el gobierno es capaz de controlar; su código tiene dos normas muy importantes que son Honor y Hospitalidad, siendo capaces de dar cobijo a un criminal o dar la vida solo por haber dado su palabra.

Siguiendo en zonas Pashto, pasamos al distrito más “peligroso” de la autopista del Karakorum; el Indus Khoistan, un valle dominado por el río Indo una vez más. Las montañas aquí crecen y el valle se acentúa en profundidad; la zona es conocida como la “no gobernada” y el conductor prefiere no detenerse a hacer alguna fotografía; por las montañas hay pueblos muy rebeldes donde uno no puede entrar porque no sale, y el gobierno pakistaní no tiene ningún poder. La policía al vernos decidió ponernos una escolta; mientras se vaya por la carretera no hay mucho peligro pero al igual que la otra vez, la policía se preocupa mucho por nuestra seguridad…

Por lo visto en los últimos años se está procediendo a una rehabilitación de la autopista y todo está bastante revuelto tardando bastante tiempo en poder avanzar; aunque el tiempo no nos favorece mucho, comenzamos a ver altas cumbres blancas y el paisaje en general se vuelve más y más impresionante. Con la caída de la noche llegamos a Dasu donde hicimos noche en un hostal junto al río.

En la mañana amaneció un día muy bonito y claro, pronto seguimos camino pasando por la zona más compleja de toda la autopista pues está increíblemente excavada en una enorme pared vertical; también es la zona donde más trabajadores fallecieron, en el bando pakistaní murieron un total de 500 hombres.


A los 20 minutos de viaje el coche se detiene, el olor a goma hizo pensar que fue un pinchazo, pero no, una correa se rompió dejándonos sin vehículo por la imposibilidad de repararlo allí en mitad de la nada.


Fuimos bastante afortunados pues nuestro conductor, (un pashto por cierto) se encargó de ponernos en un bus que iba a nuestro destino. Cuando hicimos noche en Dasu conocimos a tres chicos, uno de ellos español, que viajaban en un bus muy bueno y que iba vacio, (sube vacio, para recoger chinos en Karimabad); estos habían salido por delante nuestro, así que la policía que nos escoltaba fue rápido al puesto militar donde se pusieron en contacto con el siguiente puesto militar para que detuviesen el autobús; la policía nos llevó en la caja del jeep hasta donde el bus y allá nos metimos.


La autopista comienza a rodar por un valle seco, sin vegetación, el cual nos recordaba un poco al Spiti, con el río Indo siempre abajo. De repente el bus se detiene y sin saber el motivo intenta dar vuelta para ir en la dirección opuesta, nosotros no entendíamos nada, y además el bus lógicamente no pudo girar pues no entraba en la carretera. Hablando con el revisor, me explicó que más adelante una gente de las que viven “fuera de la ley” estaban disparando a la carretera desde la montaña, y por eso nos tuvieron retenidos un tiempo; con esto ya encajamos el por qué de los dos jeep con ametralladoras que nos habían adelantado antes…
Debido a lo basto, seco, sin recursos ni industria de éste lugar, los habitantes se han dedicado desde la antigüedad a saquear las caravanas de la ruta de la Seda, y aún continúan haciendo ruido.


Tras este incidente dejamos la provincia de “North West Frontier” y entramos en la provincia de “Northern Areas”, un lugar conocido por ser el territorio más seguro de Pakistán. Cruzamos Chilas, el puente de Raikot y llegamos a nuestro destino después de 21 horas de viaje entre los dos días, Talechi; un lugar que nos recibe con una señal indicándonos mirar donde se encuentra el Nanga Parbat (8.126 metros), la enorme mole conocida como “La montaña asesina” por la cantidad de montañeros que han perdido la vida en su intento de conquistarla.


Talechi, no sé si se podría considerar pueblo, son cuatro casas contadas y nos alojamos en la única guest house que hay, donde fueron muy majos con nosotros. Dimos una vuelta y caminando cinco minutos ya nos estábamos saliendo del pueblo; la gente nos mira alucinados, no es un lugar donde paren muchos extranjeros a pernoctar. Lo que notamos rápido es la ausencia de mujeres; todo, todo lo que hay por la calle son hombres y las mujeres están siempre entre cuatro paredes. Desde la carretera vimos como unas chicas se asomaban discretamente desde la puerta para observarnos; al verlo, María y Marian se acercaron ya que los hombres no podemos ir; tras un rato volvieron encantadas pues las invitaban a té a comer, las daban regalos… afortunadamente apareció el hombre de la casa y nos invitó a pasar a todos, fue muy bonito tener contacto con la gente local a pesar que no podíamos comunicarnos; nos sacaron té, frutas y nos acomodaron en el mejor sitio que tenían. Al despedirnos les pedí unas fotos, y aunque las mujeres aceptaron (esto no es normal) nos pidieron por favor no mostrarlas a nadie del pueblo.


Los chicos de la guest house nos prepararon una cena riquísima con cordero y arroz, y se encargaron a la mañana siguiente de conseguirnos cuatro asientos en el bus que va a Astor, pues éste sale de más atrás, de Jaglot.
Pasamos la mañana esperando, recordando tiempos de Sudán cuando nos decían ¡el bus viene!, y jamás llegaba… además tenemos un lio tremendo porque aquí la gente se rige por un horario diferente al oficial de Pakistán, ellos tienen una hora menos; entonces siempre hay que estar preguntando si es la hora del ministro (como dicen ellos) o la hora local.
Las vistas del Nanga Parbat a primera hora de la mañana no podían ser mejor…


La autopista del Karakorum es muy impresionante pero no da tanto respeto al circular por ella porque es muy ancha; pero la carretera a Astor es otro asunto, nos recuerda a las carreteras de India del norte, estrechas, con los bordes rotos y un precipicio vertical de vértigo hasta el río.
Además los minibuses siguen circulando a la misma velocidad, y al estilo de Pakistán, con gente colgada del bus, por encima, y los jóvenes cobradores haciendo acrobacias y metiéndose por las ventanillas traseras con el vehículo en marcha.


Como se hizo tarde tuvimos que hacer noche en Astor, un pueblo pequeño, con bonitas vistas, y un hotel un poco más curioso donde pasar la noche.


Al día siguiente tomamos un minibús que hace el recorrido hasta el final de la carretera, hasta la villa de Tarashing, la cual nos cautivó con su belleza, pues frente a ella se haya el macizo del Nanga Parbat, con el pico Raikot (7.070 metros) en primer plano, y el glaciar Tarashing que baja de él.


En Tarashing hay un par de guest house donde quedarse, elegimos la primera que encontramos y nos quedamos por tres noches. El fin de venir aquí es caminar hasta el campamento base del Nanga Parbat, para lo cual precisamos de un guía obligatoriamente, pues en el pasado hubo un incidente muy grave en el que murió una turista asesinada y ahora obligan a llevarse a alguien del pueblo como guía.

Pero antes de la gran marcha, estuvimos por el pueblo el día que llegamos dando una vuelta hasta un gran terraplén desde donde se ve de frente el pico Raikot y los glaciares; bajo nosotros está el glaciar Tarashing de alrededor de 2km de longitud, pero ni siquiera nos dimos cuenta porque está cubierto de piedras y tierra que arrastra.


Los habitantes del pueblo son majos, pero de una cultura muy conservadora pues las mujeres se apartan de nuestro paso cuando caminamos por haber dos hombres, cuando sacamos la cámara corren literalmente y no podemos hablar con ellas, tan sólo María y Marian pueden.
En general la población es musulmana de la rama Chií, y su idioma local es el Shina.


El segundo día, Abas, el chico de la guest house nos llevó a su casa a comer y tomar algo, después fuimos todos juntos hasta en frente del glaciar Tarashing; esta vez, al ya saberlo, prestamos más atención y vimos claramente la lengua glaciar, la cual se resquebraja de continuo por el calentamiento, cayendo junto con el hielo las piedras que arrastra el mismo glaciar. El día no nos favorece tanto y las montañas están cubiertas en la cumbre.


Al regresar observamos la mejor vista que veríamos del Nanga Parbat, desde esta parte sólo se ve la cumbre, pero es espectacular.


El último día amaneció lloviendo, un tiempo horrible con todas las montañas cubiertas, fue bastante triste pues era nuestro día para el trekking… Más tarde paró de llover y nos advirtieron que podría quedar bien el día, así que nos fuimos con Abas quien nos hizo de guía (no es necesario pero como ya dije nos obligan a llevarlo)

Tomamos el mismo camino que estos días, pero esta vez cruzamos el glaciar hasta el otro extremo, uno nunca se daría cuenta del glaciar si no se escarba un poco el suelo que es cuando aparece la profunda y dura capa de hielo. En el camino los habitantes de Tarashing o Rupal van y vienen con sus burros cargados de leña y otras cosas.


Tras el glaciar entramos en el valle de Rupal, con la villa de Rupal esparcida en un gran territorio; los habitantes del sexo femenino siguen siendo tremendamente tímidas y huyen de nosotros.


El clima nos dio esperanza pero pronto quedó nublado parcialmente y sólo vimos por un momento la cara sur del Nanga Parbat.
El campamento base es una gran explanada a 3.550 metros de altitud, donde se alza la montaña; Nanga Parbat significa “Montaña Desnuda” en urdu; debido a su verticalidad, la nieve no se adhiere en la roca, quedando grandes superficies “desnudas”. Esta montaña es la que más rápido crece de todo el Himalaya con una media de 7 milímetros anuales; además posee el record mundial de verticalidad desde un campamento base hasta la cumbre; son prácticamente 4.572 metros verticales, los cuales no pudimos admirar por las nubes; dio bastante rabia tenerlo delante y no poder observarlo en totalidad.


Caminando hasta la misma base escuchamos unos potentes sonidos de algún animal creyendo que se trataba de algún tipo de ave; al final advertimos que eran las marmotas doradas, de un gran tamaño, las cuales se escondían muy rápido a nuestro paso.


En su base nace el impresionante glaciar Bazhin de varios kilómetros de longitud, y que se extiende hasta la villa de Rupal, incluso es visible desde Tarashing.

18 junio 2009

ISLAMABAD Y RAWALPINDI

Olvidamos hacer mención en la anterior entrada a las altas temperaturas que nos hemos encontrado al bajar de las montañas; de nuevo un calor pegajoso, húmedo, terrible que se mezcla con el polvo del ambiente.
Con este calor, tomamos un bus local hasta la localidad de Attari, la última de India, y desde allí caminamos un par de kilómetros hasta la frontera con Pakistán. A pesar de ser la única frontera entre ambos países, tiene muy poco transito y el proceso fue rapidísimo.
Cruzamos por las mismas puertas donde hace 9 meses vimos el espectáculo de cierre de frontera, y ya estamos otra vez en tierras pakistaníes. Fue muy gracioso que al llegar a inmigración nos pidieron por favor que nos diésemos prisa pues estaba a punto de irse la electricidad, (parece ser que Pakistán sigue igual, una hora electricidad y la otra no…)



Ya en Pakistán buscamos de nuevo la tienda de libros de un hombre muy majo que conocimos la otra vez; aquí proporcionan información muy fiable, cambian moneda india al mejor cambio…y se pueden intercambiar libros.
El hombre no estaba, pero su hijo nos ayudó; para ir a Lahore en bus requiere mucho tiempo, y como no queríamos estarnos mucho, tomamos un rickshaw directo al centro al igual que la vez anterior, por 350 rupias pakistaníes; 1€=115Rupias.
En este momento llegó el dueño de la tienda quien vino hasta Lahore con nosotros y nos fue explicando por el camino donde habían explotado las bombas de los pasados atentados los días 28 y 29 de Mayo; una de ellas en el centro de Lahore.
El rickshaw nos dejó en un banco, pues no teníamos dinero para pagarlo, y desde el centro fuimos hasta casa de Amina, la chica que nos alojó hace 9 meses.
Nos recibió parte de su gran familia y más tarde nos reencontramos con ella en un gran meeting de Couchsurfing de 15 personas; en Lahore son muy activos los miembros del club.

Pasamos una noche genial con ellos, muy buen sentido del humor, muchas risas, gente muy sana y mucho más cercanos a nosotros en forma de pensar que sus vecinos indios.
Como pakistaníes que son, dividieron los gastos de la cena entre ellos invitándonos a una autentica delicia de productos cárnicos que tan poco hemos comido en India.
Los precios de Pakistán nuevamente nos sorprenden, pues si India es barato, en éste país todo se divide casi a la mitad; los costes de la cena fueron de 40€ para 14 personas con bebidas y todo.

Amina nos había reservado unos ticket de autobús para ir a Rawalpindi, muy cerca de la capital del país, Islamabad; no fue la forma más económica de ir pero así era lo más rápido y cómodo. La compañía Niazi cobra 400 rupias por viajar en unos autobuses que a estas alturas podemos denominar de autentico lujo, pues era un bus como en Europa con aire acondicionado…
Pero cuando llegamos a las afueras de Rawalpindi, nos mandaron salir y coger un minibús gratuito hasta la estación; en Pakistán es más complicado encontrar gente que hable inglés y al principio no entendíamos nada, pero bueno el minibús nos llevó hasta cerca de la estación. Lo más alucinante es que el conductor se debió sentir responsable de nosotros, y cuando los taxistas se nos echaron encima para ir a Saddar Bazaar, pidiéndonos 200 rupias, el conductor nos metió de nuevo al minibús y nos llevó hasta otro punto, donde nos regateó un taxi hasta nuestro destino por 50 rupias, menos de medio euro. Los taxis aquí son muy baratos, más que los rickshaw de Lahore.

Rawalpindi al igual que Lahore pertenece al estado de Punjab, es la ciudad antigua, donde se encuentra la estación de autobús, el aeropuerto y hoteles económicos donde alojarnos. Islamabad esta a 15km pero está prácticamente unido a Rawalpindi; es una ciudad nueva, artificial; tras las partición británica de India y Pakistán la capital fue Karachi en el extremos sur, pero debido a su lejanía se construyó una nueva ciudad de la nada en los años ´60, una ciudad perfecta con grandes avenidas, muy verde y lejos de las caóticas ciudades del subcontinente indio.

Nuestra primera impresión en Rawalpindi fue muy diferente a lo que esperábamos pues aunque se ve un poco vieja, las calles son muy grandes y el tráfico no es nada denso; está lleno de restaurantes de comida pakistaní, tiendas de zumos y fruta; y algo que la otra vez nos sorprendió mucho, tiendas de armas de fuego.
Nos alojamos en un sencillo hotel, quizá demasiado básico, pero la gente fueron encantadores con nosotros; y en los dos primeros días descansamos por los alrededores del hotel metiéndonos en el ambientillo de Rawalpindi y haciendo tiempo para una sorpresa que nuevamente llega volando directamente desde España; mis padres Jose y Marian se unen a nosotros para viajar juntos un tiempo.

Casi sin darles tiempo a asimilar el fuerte cambio, nos fuimos a Rajah Bazaar, un concurrido mercadillo donde lo más interesante se centra en una calle donde venden todo tipo de accesorios para decorar los camiones pakistaníes que ya vimos la otra vez. También había un recinto donde una gente preparaba los camiones con chapas y pegatinas, otros con pintura y otros muy trabajados con tallas de madera.


La gente fue muy simpática, viniendo de India es un gran cambio el contacto con los habitantes quienes se sorprenden mucho al vernos y nos piden por favor que tomemos un té o comamos con ellos, como fue el caso de Ahmad que nos invitó a tomar té en su tienda de recambios de coche.


Islamabad lo recorrimos con un taxi pues es una ciudad muy extensa; por 700 Rupias nos llevó durante 4 horas por los principales lugares y así hacernos una idea de la gran ciudad.
Pasamos por dos miradores desde unas colinas al norte y al sur; desde la norte, Daman-e-Koh, se veía perfectamente los cuadrantes en los que esta divido Islamabad, son todo grandes avenidas paralelas y perpendiculares y las “manzanas” son de uno o dos kilómetros cuadrados; lo más bonito es que es una urbe muy verde y limpia.


La mezquita más grande de Islamabad, Shah Faisal, es bastante moderna y no muy bonita; pero sí es muy espectacular en tamaño con sus minaretes de 88 metros de altura.


Tras la vuelta en taxi, éste nos dejó en un área llamado “Blue Area” la zona más moderna de Islamabad, con restaurantes comercios y punto de mira de los ataques suicidas como el perpetrado hacía tan sólo tres días.
A pesar de su modernidad, me dio la impresión de una ciudad muy vacía y sin vida debido a las exageradas avenidas de muchísimos carriles sin apenas tráfico.

05 junio 2009

LAS ALTAS CARRETERAS DEL HIMALAYA

De vuelta en Leh tras los días en el Valle de Nubra nuestro deseo era bajarnos de las altitudes de Ladakh, hacia Manali y así ir poco a poco hacia Pakistán, pero la carretera que conecta Leh con Manali es una de las más complicadas del país, y permanece cerrada casi todo el año a excepción de los meses de verano.
En Pakistán tenemos planes de ir al Karakorum, es decir muy cerca del Valle de Nubra, pero debido a que toda frontera aquí y Cachemira está cerrada, debemos dar una enorme vuelta de más de 1.000km para poder llegar.
Desde que volvimos a Leh no hicimos más que preguntar una y otra vez por la dichosa carretera, unos decían que estaba cerrada, y otros habían escuchado rumores que podía estar abierta.
La única forma de pasar por ella en estas fechas es en jeep, así que nos acercamos a la parada de jeeps ladakhís, pero son demasiado caros. Preguntando descubrimos donde llegan los jeep que vienen de Manali, fuimos para allá y nos encontramos que acababa de llegar la primera remesa de jeep, y como éstos han de bajar de todas formas, los precios son más asequibles; estuvimos negociando con un chico, y nos dejó el viaje en 1.000 rupias (15€) cada uno, pero realmente el jeep estaba vacio y era como un coche privado para los tres.

El viaje es un poco de locos, partimos a las dos de la madrugada, lleva 18 horas llegar a Manali, sin parar a dormir y con el mismo conductor sin parar; además somos los primeros que bajan de Leh por la recién abierta carretera que atraviesa cuatro enormes puertos de montaña, entre ellos el segundo más alto del mundo tras el Khardung La.

A la una y media nos presentamos donde los jeep, y en un principio tuvimos muy buena impresión pues bajamos un grupo de jeep, en el que unos se ayudan a los otros, y además daba la impresión de que nuestro conductor era el más veterano y el que organizaba todo.
A los cinco minutos de salir nos detuvimos un momento en mitad de la carretera y los otros vehículos nos adelantan, estrellándose el último contra un poste eléctrico; el conductor nos comento que eran los novatos, para así quedarnos más tranquilos.
Poco más adelante y aún de noche cerrado, tuvimos un pinchazo, pero fue increíble la cooperación de todo el grupo, en menos de cinco minutos estábamos de nuevo en marcha; la verdad es que también hacía tanto frio que se darían prisa en cambiarla.

Antes del pinchazo el conductor nos dio una manta a los tres, que al principio rechazábamos, y que mas tarde no nos era suficiente.
Con el amanecer estábamos coronando el Taglang La (5.328 metros) el segundo puerto de montaña transitable más alto del mundo; a ésta altitud y con la primera luz del día, la temperatura era muy muy baja, no sabemos cuánto pero bastantes grados bajo cero.
De nuevo como en Khardung La, vemos formas extrañas en la nieve provocadas por un lento deshielo; lo malo es la carretera que en ocasiones es una pista de hielo, absolutamente todo está congelado.


Bajando el puerto, encontramos una gran llanura a mucha altitud, es el comienzo del valle de Rupsu; un lugar muy especial en el que se mezclaban colores como el blanco del hielo, con la hierba amarilla; donde habita gente nómada en sus tiendas que comienzan a asentarse con la llegada del “buen tiempo” (seguíamos a varios grados bajo cero). Tuvimos mucha suerte de divisar algún animal autóctono como marmotas o el curioso burro salvaje.


Tras la llanura descendemos un cañón hasta el asentamiento de Pang, donde hicimos nuestra primera parada para comer, y donde a pesar del frio vimos los primeros rayos de sol en la mañana.


Ya con la luz del día, todo fue un espectáculo visual; montañas nevadas y rocosas gigantes por las que descienden cataratas que no han soportado las bajas temperaturas y aparecen en forma de hielo; debido a las enormes alturas por las que circulamos, casi sin darnos cuenta cruzamos el Lachlung La de 5.060 metros de altitud.


Tras un buen rato circulando cómodamente sin hielo y nieve, nos encontramos los primeros vehículos de frente, los jeep que van hacia Leh. Tras esto nos acercábamos al puerto más complicado de toda la carretera, el Baralacha La (4.950 metros) un mar de nieve y hielo en el que sólo se aprecian unas líneas no nevadas que son la carretera que tenemos por delante.
Desgraciadamente en el punto más complejo fue donde encontramos más vehículos circulando en sentido contrario y la carretera no era lo suficiente ancha como para dos vehículos, por eso en muchas ocasiones permanecimos retenidos mucho tiempo mientras la gente con palas quitaba el hielo intentando hacer la carretera más ancha.


Nosotros aprovechamos el momento para disfrutar del maravilloso entorno; un lago de hielo, y el pasadizo de bloques de hielo por donde discurre la carretera, donde cuelgan espectaculares estalactitas de hielo.


A pesar de la dificultad, de una carretera cubierta por completo de nieve en alguna ocasión, de las maquinas quita nieve…conseguimos pasar el Baralacha La y rápido descendimos hacia lugares que nos sorprendieron por su naturaleza, pues ya nos habíamos hecho al paisaje desértico de Ladakh. Con el Baralacha La ya estamos de nuevo en el estado de Himachal Pradesh y dejamos el de Jammu y Cachemira.


Entre las horas 12 y 13 de viaje fueron las peores, pues acabábamos de parar a comer de nuevo; nosotros no comimos (de haberlo hecho hubiésemos dormido los tres, pues ni siquiera nos acostamos para hacer este viaje); al contrario del conductor que sí comió y claro después le dio “la pájara” Precisamente estábamos circulando por una zona un tanto delicada, con un gran precipicio a nuestro lado, y en dos ocasiones al hombre se le cerraron los ojos; íbamos conduciendo los tres vigilándole, y finalmente le dijimos que parase a dormir pues se estaba jugando la vida de todos.
En Darcha nos detuvimos a mostrar los pasaportes y el conductor dijo que ya se encontraba mejor así que continuamos.

El escenario es muy diferente ahora, las montañas están llenas de vegetación; pasamos por Keylong, un pueblo muy bonito con montañas nevadas de fondo. Este entorno se repitió hasta la siguiente parada para el registro, en Gramphu, donde la carretera continua hacia el valle del Spiti, o sube empinada hacia el Rohtang La.


La subida fue en zigzag por la ladera de la montaña, pasando junto a grandes bloques de hielo que con el deshielo se forman barrizales y enormes charcos de agua.

En nuestro anterior viaje ascendimos hasta éste mismo puerto desde la parte de Manali, y observamos las grandes montañas del Himalaya, de las que ahora venimos. En aquella ocasión había muy poca nieve; así que teníamos un recuerdo muy diferente a ahora donde la carretera circula entre dos paredes de hielo de varios metros de grosor.
Y en la misma cumbre las tiendas resisten las extremas condiciones climatológicas, entre un barrizal que había atrapado un camión a punto de volcar.


El descenso fue con los pelos de punta, Manali se encuentra a tan sólo 51 kilómetros del total que haremos de 475 km; y claro el hombre ya tenía ganas de terminar la jornada; fuimos bajando en plan rally mientras vimos algún camión caído por los precipicios.
A elección nuestra el jeep no nos llevó a Manali, si no que nos quedamos 3km antes en la villa de Vashisht; según pisamos tierra dimos gracias por haber sobrevivido a esta locura de viaje de 18 horas; lo más increíble es que este hombre volvería a Leh dos días más tarde y regresaría de nuevo, y así posiblemente por el resto del verano…

Vashisht es un lugar pequeño, tranquilo si no fuera por la gran cantidad de turistas que en su mayoría llegan para disfrutar de los productos que ofrece la naturaleza en todo el entorno. En toda esta área el cannabis crece salvaje y muchos de los habitantes tienen trabajos alternativos cultivando, recogiendo y vendiendo a los extranjeros una de las mejores calidades de hachís del mundo, que se extrae frotando la parte de arriba de la planta con las manos, extrayendo así toda la resina; lo cual se le llama “charas”.


En Vashisht hay varios templos hindús, uno de ellos tiene unas termas naturales a las que fuimos a bañarnos un día. Djamel y yo fuimos a la sección de hombres convencidos de pasarnos el tiempo muerto metidos en las calientes aguas; lo que no sabíamos era que el agua es tan tan caliente que no podíamos aguantar más de 15 segundos sumergidos, lo peor eran los pies que no podían soportar la alta temperatura y terminaron rojos enteros.


La mayoría de los días bajamos caminando por atajo hasta Manali, un atajo agradable, cruzando un arroyo, y viendo los lagartos corriendo para todas partes.
María tenía problemas con una muela y visitamos el hospital público, donde la hicieron una revisión gratuita y una radiografía de las muelas por 20 rupias (0,30€)
El problema de la muela no era sencillo y tuvimos que visitar otro hospital de más categoría donde la repararon la muela en varias sesiones durante tres días, quedando perfecto.

Ya desde Leh, Djamel nos prometió que nos invitaría a una comida antes de despedirnos; así que en Manali nos llevó a un restaurante bueno, y nos pusimos a tope de pollo tandoori, pollo tikka, pollo curry y arroz; todo pollo después de mucho tiempo sin comer carne. ¡Gracias Djamel!

Uno de los pocos días que pasamos por completo en Vashisht nos fuimos los tres a hacer una larga caminata a un lago y cataratas (lo que no sabíamos es que era una marcha de dos días) Atravesamos un bosque llegando a un lugar sagrado casi al pie de una gran cascada, y luego ascendimos por el camino de cabras como de costumbre, en vez de tomar la ruta normal, y llegamos a la base de la primera caída de dicha cascada, la cual pasamos Djamel y yo por detrás a través de un pequeño sendero embarrancado.


Poco más adelante encontramos una explanada con grandes vistas del valle de Kullu, y allí fue donde nos quedamos atrapados…por la gran belleza y tranquilidad del entorno.


La última tirada dura de autobuses hasta Pakistán, es la siguiente hasta Amritsar; desde Manali hay, o había, un bus directo de 15 horas, pero ha habido una serie de revueltas incomprensibles a raíz de la muerte de un líder sikh en Austria; estas revueltas consistían en incendiar autobuses de Himachal Pradesh que viajaban a Punjab, con la gente dentro (aunque todos consiguieron escapar) por lo tanto los buses estaban cancelados y tuvimos que viajar por la noche hasta la ciudad de Chandigarh, donde enlazamos con un autobús al Punjab, y con otro más hasta Amritsar, justo donde todo comenzó en India, donde llegamos hace 9 meses…

Localizamos el mismo hotel donde nos alojamos la otra vez, y pedimos al dueño la misma habitación, pues a pesar que no era una maravilla y que tenemos las vías del tren tan cerca que parece que pasa el tren por dentro del cuarto; disponemos de wi-fi gratuito y así podemos ponernos al día con todo lo de internet.

Estando una vez más en Amritsar no pudimos resistirnos a regresar al Templo Dorado, el centro sikh mundial; pero esta vez no sólo caminamos y observamos la vida de los fieles, quisimos probar a ir al comedor comunitario donde se da de comer gratuitamente a todo el mundo que vaya, sin importar la casta, religión…
Cuando entramos, una persona nos dio una bandeja, el siguiente un cuenco… junto a una gran multitud nos indicaron donde sentarnos en el suelo en unas alfombras estrechas colocadas paralelamente, y otros hombres fueron pasando echándonos la comida; lentejas, arroz, chapati y agua; en un principio vino el hombre con el chapati y yo iba a cogerlo pero no me lo daba, hasta que alguien me indicó que debía colocar las manos juntas con las palmas hacia arriba. En la salida, voluntarios recogen y friegan los cacharros.


Tras un paseo más por el mágico templo, nos alejamos despidiéndonos de India definitivamente (en este viaje); y preparándonos para regresar a un país que tanto nos gusto, Pakistán.


Este fue nuestro recorrido en toda India

29 mayo 2009

LADAKH

Los autobuses que parten en dirección Leh desde Srinagar sólo son "super-deluxe" y el ticket nos salió carillo, 707 Rupias (11 €), pero bueno son 2 días de viaje a través de la cordillera del Himalaya. El autobús de lujo sigue siendo como los de siempre pero mejores asientos…


Vamos rodando muy despacio y con parones continuamente; el paisaje es una maravilla, no sólo aparecen grandes montañas nevadas, la nieve baja hasta el río en enormes bloques de hielo.
Paramos a comer en el pueblo de Sonamarg, con impresionantes vistas de Kolahoi (5.425 metros), lástima no poder acercarnos a su glaciar, pues debemos continuar viaje con el bus.



A partir de aquí ya no hay palabras para la carretera, de momento es la más impresionante que hemos visto; el camino zigzaguea por la ladera de la montaña con muy bonitas vistas de los dos valles que se unen en éste punto, pero llegado un momento los enormes neveros que bajan de la montaña atraviesan la carretera, donde han habilitado un paso para la circulación, así pues vamos atravesando estos pasadizos entre dos bloques de hielo gigantes que superan en altura el autobús, en ocasiones el grosor de la nieve almacenada puede llegar a unos 6 o 7 metros.
Esto es la parte bonita y fácil; el deshielo constante hace que la carretera, de un sólo carril, se convierta en un barrizal con grandes socavones; y la verdad es que no hacía nada de gracia ver las ruedas del autobús junto a un precipicio constante de cientos de metros de altura; lo peor era cuando las ruedas cogían algunos de estos socavones y el autobús se balanceaba tanto que parecía que nos íbamos abajo…



En este tramo el tráfico esta regulado en un sólo sentido, de todas formas rodamos muy despacio y parando continuamente esperando que los vehículos de enfrente adelantasen terreno.
El puerto de Zoji La (3.529 metros) no es muy alto en comparación con otros pasos de montaña de Ladakh, pero debe tener una influencia climática diferente que lo hace muy complicado y cubierto de nieve y hielo. Mientras lo estábamos cruzando comenzó a nevar un poco sin mucha importancia, lo malo fue que hubo una avalancha que cubrió la carretera, así que más tiempo retenidos hasta dejar libre el camino.



Llegamos a Drass con el atardecer y esperamos casi hasta la noche mientras arreglaban una rueda del autobús; en Drass había un cartel que decía, que es el segundo pueblo más frio del mundo, aquí se han registrado temperaturas de 60 grados bajo cero.
Ya de noche seguimos hasta Kargil, un lugar muy cerca de la "Línea de Control" que hace de frontera provisional con Pakistán. Esta vez tenemos nueva compañía, un chico español que conocimos en el autobús, Djamel, con quien pasamos la noche en Kargil; nos liamos a hablar hasta un poco tarde, dormimos 4 horas y media y fuimos de nuevo al autobús a completar el viaje hasta Leh.
El primer tramo fueron 14 horas y desde Kargil a Leh unas 10 horas y media más; a pesar del montón de horas, el viaje es ameno por lo maravilloso que es el entorno. Desde Kargil todo cambia, el paisaje se torna más seco muy similar al valle del Spiti; pasamos dos puertos más el Futu La (4.147 metros) y el Namika La (3.760 metros) ambos exentos de nieve. Pronto la carretera comienza a rodar junto al mítico río Indo, el cual ya vimos en Pakistán, con la cordillera de Ladakh en nuestra izquierda y Zanskar a la derecha.



Es muy interesante también ver como poco a poco vamos cambiando de un lugar musulmán a budista; las mezquitas van desapareciendo para dar paso a los chorten o stupas, monasterios budistas y las banderas con las plegarias atadas por todas partes.
No sólo el paisaje es similar al Spiti, las casas también son de barro pintadas de blanco con las ventanas de madera y la paja en los tejados, paramos de camino en algunas de éstas villas para comer.



Ladakh significa "tierra de los altos puertos" y con razón pues aquí se hallan los pasos de montaña motorizados más altos del mundo; también es conocida como "El pequeño Tíbet" por sus grandes similitudes en paisaje, gente y cultura.
Ladakh busca hace tiempo la independencia del estado de Jammu y Cachemira, pero con el conflicto actual de ésta provincia, esta independencia no esta muy cerca aún.
Leh (3.505metros), su capital, es un lugar desértico, seco y muy bonito, con cumbres nevadas en los alrededores; según llegamos buscamos una casa de huéspedes junto a Djamel en la zona vieja del pueblo.



Tuvimos suerte que al día siguiente de llegar asistimos a un festival anual que dura por varios días, los monjes de la región se reúnen en el Gompa Chowkhang en el mismo centro de Leh, donde recitan mantras una y otra vez. Fue muy buena ocasión para ver a la gente local con sus trajes típicos que incluyen un alto sombrero muy gracioso.



Leh es muy pequeño y en un momento ya se ha recorrido todo el centro, al norte en la montaña esta el palacio de Leh y junto a él, el Tsemo Gompa desde donde hay muy buenas vistas de Leh y uno se puede hacer a la idea de cómo es éste lugar; las barriadas de las afueras de Leh podrían pertenecer perfectamente a cualquier villa del desierto en Oriente Medio.



El valle del Indo es muy rico en cultura budista, se encuentran gompas salpicados por las dos orillas del río en kilómetros de distancia; nosotros fuimos a visitar un par de ellos en autobús. El primero el monasterio de Shey, antiguo palacio de veraneo de los reyes de Ladakh; el templo tiene un gran Buda dorado, y desde lo alto de la colina, donde quedan los restos de una fortaleza, hay grandes vistas del valle con cantidad de chorten decorando el paisaje desértico.



Seguimos caminando hasta el gompa de Thiksey, bastante más impresionante que el anterior pues está situado en una colina y todos los edificios de barro amontonados por la ladera y la cumbre, a pesar del esfuerzo mereció la pena subir arriba para ver el interior de uno de sus templos, las diferentes estancias de los monjes, y las bonitas vistas del Valle del Indo.



Desde Leh, nuestra idea es viajar un poco más al norte, al valle de Nubra, pero nuevamente debido a la cercanía con las "Líneas de Control" (esta vez con Pakistán), debemos solicitar un permiso especial, y éste sólo se puede hacer a través de una agencia de viajes. Se han montado un gran negocio con estos permisos especiales, realmente no encontramos sentido al por qué de ello; es una forma más de recaudar dinero.
Para el permiso además hace falta ser un grupo de cuatro personas; Djamel se unió a nosotros y la agencia se encargó de presentar un pasaporte más para poder conseguir el permiso que vale 100 rupias, mas un plus que nunca entendimos sobre "Vida Salvaje Animal"…
El Valle de Nubra no está muy lejos, pero la distancia y tiempo es largo porque debemos salvar el puerto de montaña transitable para vehículos más alto del mundo, el Khardung La (5.602 metros)
La carretera que pasa el Khardung La, es sólo transitable en un sentido, (o eso creímos en un principio pues al regreso venían vehículos de frente), así pues sólo podemos ir Martes, Jueves o Sábado, y al día siguiente es en el sentido de vuelta; el autobús va subiendo en zigzag por la montaña y pronto alcanzamos los 4.600 metros de altitud donde se hallaba el segundo control militar; el frio es tremendo en esta altitud en las primeras horas de la mañana; a partir de aquí la nieve y el hielo en la carretera nos acompañarán hasta que descendamos de nuevo. Llegando cerca de los 5.000 metros, la nieve que hay en las orillas de la carretera no llega a derretirse por completo debido a las bajas temperaturas, lo que ocurre es que se forman extrañas figuras en el hielo, y el agua que gotea se congela de inmediato formando espectaculares estalactitas.



Llegando al Khardung La superamos nuestro "record" de altitud que teníamos en Bolivia, y pasamos por los 5.602 metros de este altísimo puerto, desde donde casi aún se puede divisar Leh. En el puerto no nos detuvimos y tampoco hay nada especial, tan sólo militares y un gran desorden de bidones de petróleo.
Fue muy gracioso ir escuchando como reventaban durante todo el camino los paquetes de patatas fritas o gusanitos que llevaba un hombre en el bus, debido a la gran altitud.
El descenso hasta los 5.000 metros fue complicado, con mucha nieve y mucho tambaleo del autobús; después del tercer control a 4.600 metros, de nuevo la carretera es fácil y pronto llegamos a Diskit en el Valle de Nubra. El paisaje es de nuevo seco y desértico, con un amplio valle donde discurren pequeños riachuelos. A la altura de Diskit se puede decir que comienza otra gran cordillera que se suele confundir con el Himalaya, y aunque más pequeña no deja de ser impresionante por sus altísimas montañas, el Karakorum; pero ya hablaremos del Karakorum más adelante pues está dentro de nuestros planes en Pakistán.



Continuamos unos pocos más kilómetros hasta la villa de Hunder, el último punto hasta donde podemos llegar legalmente, más allá la carretera continua por varias villas hasta llegar a Pakistán a unos 70 kilómetros de Hunder; una frontera (o línea de control) cerrada a cal y canto.
Hunder es una villa muy pequeña situada entre vegetación que crece gracias al río; el lugar es tranquilo, pacifico…y decidimos pasar allí tres días con la compañía también de Djamel.



Diskit es un poco más grande, uno de los días nos acercamos para ver el pueblo, subir hasta el gompa y ver a la gente local como cultiva y ara los campos con los yak.



A parte de lo remoto del lugar, de la tranquilidad, de los gompas…lo que nos trae aquí es un extraño fenómeno; un pequeño desierto de arena que se extiende entre Diskit y Hunder; uno de los días nos cruzamos el desierto entero a pie (7 km), es muy curioso ver dunas de arena y vegetación de desierto aquí entre la cordillera de Ladakh y el Karakorum, a una altitud de más de 3.000 metros. Vimos rebaños de cabras y ovejas con sus pastores, pero que pena que no encontramos ningún camello salvaje, aunque en Hunder pudimos fotografiar uno domestico…



Junto al puente lleno de militares, el cual no podemos cruzar, hay una fuerte subida hasta un templo budista y una vieja fortaleza donde aún queda una torreta; desde arriba hay muy buenas vistas del valle y el pequeño desierto.



Regresamos a Leh por la misma carretera que llegamos a Nubra, sin ningún inconveniente más que los pelos un poco de punta al pasar algún tramo junto al hielo, y una fuerte nevada, pero sólo en las partes más altas, cerca del Khardung La.