02 noviembre 2011

SEVILLA

Cuando cruzábamos la frontera entre Turquía y Siria, los turcos nos advertían del peligro de Siria; igual que los egipcios nos advertían de Sudán, o los iranís del peligro de Pakistán. Es curioso pero siempre se repetía éste fenómeno de un país al otro, en el que los vecinos tenían “miedo” del país contiguo; miedo a lo desconocido, ignorancia, comunicaciones sensacionalistas… quien sabe.
Recordé esto cuando dejábamos la comunidad extremeña y nos dirigíamos a Andalucía, en dirección exactamente a Sevilla; pues hubo gente en Zafra que nos advertía de un tremendo peligro en esta ciudad, sobre todo al dejar el vehículo en la calle. Tal y como lo decían, casi nos llegaron a convencer que seríamos robados con toda seguridad. Finalmente la cosa no fue para tanto…

Sin querer utilizar el término “menos desarrollado”, sí que encontramos diferencias mientras nos adentrábamos en la provincia sevillana. Cerca de la capital andaluza comenzamos a ver vendedores ambulantes en las rotondas, con productos como tomates, patatas y frutas varias, a unos precios de escandalo, (baratos); generalmente éstos vendedores eran de etnia gitana.

Antes de llegar a Sevilla, hicimos una breve parada en Santiponce, donde se haya la antigua ciudad romana de “Itálica”. La primera ciudad construida en la Hispania romana, y primera ciudad romana fuera de Italia, construida por el año 205 a.c.
Itálica gozó de gran importancia durante siglos, más aún por ser la ciudad natal de emperadores como Trajano y Adriano.

Estábamos interesados en ver el anfiteatro, uno de los mayores construidos en todo el imperio romano, y preguntamos a un hombre del pueblo; el señor muy simpático nos acompañó para mostrarnos el camino a través de un pequeño barrio de estrechas calles que nos van introduciendo en el mundo andaluz de casas blancas, azulejos en las fachadas, plantas por doquier, y simbología religiosa cristiana muy presente.
El anfiteatro, con capacidad para 25.000 espectadores está demasiado en ruinas, tanto que cuesta bastante imaginarlo; en realidad se está llevando a cabo un lento proceso de excavaciones para restaurarlo. En él se podía ver el minucioso trabajo de los arqueólogos con espacios de un metro cuadrado, para desenterrar todo sin que nada se escape.
Cuando nos acercamos a unas casas privadas para tener otro ángulo del lugar, me sorprendió bastante que un hombre que realizaba obras en su casa, estaba tirando los escombros que sacaba al anfiteatro, ya que su casa estaba pegada al recinto arqueológico, cayendo así los restos de su obra sobre el trabajo de los arqueólogos, ausentes en éste momento.


En Sevilla fuimos a tiro hecho a una pensión que habíamos encontrado en la red que tenía parquin y no estaba muy lejos del centro, de ésta forma podíamos dejar el coche tranquilos sin estar pendientes de parquímetros. El nombre de la pensión, muy adecuado y español: “Casa Pepa”.

Sevilla realmente nos cautivó con su tremenda vida, movimiento y alegría; cuanto más avanzamos al sur más nos sorprende que sigamos en el mismo país. Aquí se nota una actitud muy diferente en el modo de vida, todo parece más relajado, más tranquilo, y la gente parece muy simpática y alegre, siempre con ganas de intercambiar unas palabras y soltar alguna broma.



La Giralda de Sevilla fue el primer lugar al que acudimos después de serpentear por las calles del centro. La antigua mezquita de la época almohade con su minarete (ahora campanario) realmente impresiona, tanto por sus 100 metros de altura como por sus tremendas dimensiones; anexionada a la obra de los árabes se encuentra la Catedral de Santa María de la sede de Sevilla, que es la catedral gótica de mayor superficie en el mundo.



Visitamos boquiabiertos las diferentes salas en su interior que comprenden muchas épocas y estilos arquitectónicos, desde la era almohade, mudéjar, gótica, renacentista y muchas otras…



Además hay tumbas de celebridades como Cristóbal Colón, aunque existen muchas dudas de donde reposan exactamente sus restos.



Durante la ascensión a la Giralda, es un espectáculo visual continuo, con vistas de toda Sevilla teñida de blanco por el predominio de este color en las viviendas. La vista alcanza a la perfección el río Guadalquivir, con el barrio de Triana en el otro lado, o la Plaza de Toros de La Maestranza.



Frente a la Catedral, está el Real Alcázar de Sevilla, otra obra increíble con multitud de estancias que igualmente pertenecen a muchos periodos, comenzando por el islámico. Los detalles que nos han dejado de aquella era son realmente finos y precisos, una recreación constante para la vista.




No sólo aquí los árabes dejaron su huella, se puede ver en toda la ciudad, ya sea islámico o mudéjar, (hispano-musulmán).




De nuevo junto a la Catedral y Alcázar; está la antigua lonja de pescadores, que en el siglo XVIII se transformó en lo que es actualmente: El Archivo de las Indias.
Carlos III, ordenó centralizar todos los documentos existentes desde el descubrimiento de América (Las Indias) con el fin de organizarlo y en parte para demostrar falsas historias que se estaban creando durante la conquista del Nuevo Mundo.
La visita del Archivo de Indias es gratuita y además incluye una excelente guía que nos explicó absolutamente todo, bueno, omitió detalles sobre los supuestos túneles subterráneos que hay bajo el edificio donde se encuentran actualmente los documentos…

José de Gálvez, y Juan Bautista Muñoz se encargaron durante años de buscar todo documento posible en la Península para recogerlo y llevarlo a Sevilla, muchas veces con el peligro de posibles asaltos en carretera por los bandidos.
Por entonces, la antigua cofradía de pescadores, se quedaba pequeña ante la llegada de tanto material. En ese tiempo la lonja se había convertido en viviendas, donde por cierto tenía un taller de pintura Murillo; y por la falta de espacio, se expulsaron a todos los inquilinos para dedicar el edificio al completo como “archivador”.

Actualmente se puede ver una replica de lo que fue, pero como antes decía, los 80 millones de documentos se encuentran bien seguros bajo tierra en cámaras con la temperatura precisa para evitar el deterioro del material.


La Plaza de Toros de la Maestranza es otro de los lugares emblemáticos de Sevilla, por aquí se dice que es la plaza de toros mas antigua del mundo, pero como siempre existe polémica con este asunto.
La única forma de visitar la plaza es en una corrida de toros, o visita guiada.
En la visita guiada pudimos ver la plaza en sí, y luego una especie de museo de la tauromaquia con “recuerdos”, como la cabeza de la vaca cuyo hijo fue el toro que mató a Manolete. Según cuentan, el dueño sacrificó su vaca para que no creara otro toro tan bravo como aquel. Frente a la plaza se haya la estatua de uno de los toreros más famosos, Curro Romero.



La Plaza de España fue construida en 1.929 con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla; junto a los jardines de María Luisa conforman un lugar muy tranquilo y bonito dentro de la gran Sevilla.
Tiene una forma ovalada, y al más estilo andaluz, con los azulejos y cerámicas, tiene 48 bancos que representan las 48 provincias españolas.



El barrio de Triana nos encantó con su ambientazo, bares de tapeo, restaurantes junto al Guadalquivir… y aunque estuvimos buscando sin éxito la forma de ver un poco de flamenco, al día siguiente sí que logramos asistir a un tablao flamenco, completando así una bonita visita a la increíble Sevilla.


31 octubre 2011

TRUJILLO, CÁCERES, MÉRIDA Y ZAFRA

Al llegar a Trujillo, a poco más de media hora al sur del parque de Monfragüe, dejamos el coche en las afueras y caminamos hasta la plaza principal del centro histórico. Aquí ya nos dimos cuenta que Trujillo sería una interesantísima visita; alrededor teníamos la Iglesia de San Martín con su enorme nido de cigüeña en el campanario, “El Palacio de la Conquista” construido por la familia Pizarro, y la gran estatua de Francisco Pizarro en un caballo; todo ello además con el ambiente local de bares y restaurantes en los portalones de los edificios.
En el siglo XVI, Extremadura fue una tierra de aventureros y conquistadores que viajaban a la nueva tierra conocida, América; prueba de ello es el trujillano Francisco Pizarro, conquistador de Perú, y conocido entre otras hazañas como el hombre que capturó a Atahualpa.



Más tarde, dentro del amurallado centro de Trujillo, seguimos recorriendo estrechas callejuelas, con antiguas casonas muy deterioradas, viejas iglesias con torretas y olivos salteados por las plazas, dando una pincelada aún más encantadora al bonito pueblo; y un poco más allá, el castillo, como siempre situado en ese sitio estratégico con vistas que el ojo no puede alcanzar. Construido por los musulmanes en el siglo X, y reformado por los cristianos una vez que la Reconquista cruzó las tierras extremeñas.


Las buenas carreteras, las cortas distancias, y el lujo de disponer de un transporte privado sin depender de quién parará a recogernos haciendo autostop, nos permiten visitar más lugares en mucho menos tiempo. En otros tiempos habríamos pasado en Trujillo un par de días, pero cuando los viajes tienen fecha de caducidad… tratamos de aprovechar más el tiempo, pero siempre libres, sin agobios y disfrutando del momento.
Así llegamos a Cáceres donde decidimos pasar la noche.
Un cartel que anunciaba un albergue juvenil llamó nuestra atención, y nos acercamos a curiosear; en la recepción había un chico muy simpático que nos comunicó rápido que el albergue estaba lleno, una lástima sabiendo que costaba 15€ por cama; acostumbrándonos a los precios de viajar en España, hasta se nos hacía baratísimo…
Como decía antes, el chico era muy majo, y trató de buscarnos alojamiento en otro albergue, pero al tiempo, también nos dijo que si queríamos, por 30€ podríamos tener una habitación para nosotros solos en el centro de Cáceres. Hizo unas llamadas y listo, teníamos cuarto en una pensión en pleno centro de Cáceres.
El mismo chico nos sugirió dejar el coche en el parquin del albergue sin coste alguno, y así evitarnos los costes de aparcar cerca del centro, o de no poder aparcar, porque los coches ya no pueden circular por el centro histórico o la Plaza Mayor.
Recordábamos lo mucho que la gente nos ayudó viajando por el mundo, y aquí en España no iba a ser menos; cerramos el coche, agarramos la mochila y nos fuimos para la pensión.

La Pensión Carretero, (así se llamaba), regentada por una pareja de avanzada edad muy simpática; donde las escaleras del edificio estaban ligeramente inclinadas, con una barandilla de forja y madera bastante delicada, de la cual no me fiaba. En el segundo piso estaba nuestra habitación con vistas al patio interior; pero sinceramente, era emocionante estar de nuevo viajando en cuartos sin mucho lujo de los cuales hacíamos rápidamente nuestro espacio y “hogar”. Todo hay que decirlo también, la emoción se cayó más tarde durante la noche, cuando nuestras espaldas no soportaban la curvatura del viejo colchón y tuvimos que tirarlo al suelo para descansar mejor…

Extremadura no deja de impresionarnos; la naturaleza de Monfragüe y el pueblo medieval de Trujillo se unen a otra de las joyas que vamos encontrando en éstas tierras; Cáceres, que sin duda es una ciudad encantadora.

Nuestra ansía de conocer y explorar nos lleva a recorrer las calles de la ciudad monumental cacereña, inundada de casonas de nobles, palacios, torres e innumerables iglesias.



La iglesia de San Francisco Javier, es una de las que se puede visitar el campanario por tan sólo 1€; ascendimos a los dos campanarios por las retorcidas escaleras de caracol construidas en piedra, y así tener diferentes vistas de la ciudad.



Entre la multitud de salas y museos de la ciudad, visitamos uno bastante interesante sobre la Semana Santa, la cual se vive de una forma muy diferente al norte de España. La exposición mostraba videos y maquetas de las procesiones, cuidadas al milímetro y llenas de emoción por parte de los participantes. Además también se podían ver los diferentes trajes utilizados, característicos por llevar túnicas y unos gorros cónicos puntiagudos bastante altos.


Frente a la Plaza Mayor, se haya la puerta principal de entrada a la vieja ciudad, el arco de la estrella; y junto a ella la Torre de Bujaco, a la que se puede ascender gratuitamente por turnos. La torre de Bujaco domina toda la Plaza Mayor; lo que ahora es un bullicio de restaurantes, cafeterías, bares y tiendas, antaño fue el centro de reunión de Cáceres, donde la gente compraba y vendía el ganado; aunque supongo que esté muy cambiado, es fácil imaginarse el suelo de la plaza desnivelado, todo de tierra y embarrado en ocasiones por la lluvia; con los habitantes cacereños negociando la compra-venta de animales, vestidos con antiguos harapos, igual que recién salidos de un cuento.



La noche cae en Cáceres, la ciudad monumental se ilumina de una forma espectacular y la Plaza Mayor cobra una vida especial, todos los locales están atestados de personas y es difícil llegar a un sitio a cenar sin esperar antes un buen rato, de todas formas las tapas cacereñas son de tal envergadura que hambre realmente no se pasa. De momento Cáceres ha batido el record de tapas, con una consumición: aceitunas, 4 lonchas de pan con sobrasada y dos lonchas de pan con boquerones.



En nuestra ruta al sur, no podía faltar una visita a la capital administrativa de Extremadura, Mérida; donde se encuentran las ruinas romanas más grandes y mejor conservadas de toda la Península Ibérica.
Entre las cosas más importantes están el Puente Romano, uno de los más largos que construyeron los romanos, con 60 arcos de granito sobre el inmenso río Guadiana; y junto a él, la Alcazaba o ciudad fortificada, de la cual no quedan muchos restos; más tarde veríamos Alcazabas realmente impresionantes en Andalucía.



A parte de las ruinas salteadas por la ciudad y el acueducto, el lugar más emblemático y bien conservado, es el teatro romano, el cual aún se utiliza con el mismo fin para el que se construyó en el año 15 A.C.



Tras una exhaustiva visita a Mérida continuamos hasta el extremo sur de la comunidad extremeña para hacer noche en un bonito pueblo llamado Zafra.
En Zafra encontramos alojamiento en un convento donde alojan a peregrinos que hacen la Ruta de la Plata. Para los no peregrinos como nosotros el precio es de 15€ por persona, en un cuarto privado muy chulo.
La Ruta de la Plata que originariamente era una vía romana que comunicaba Mérida y Astorga (en León), hoy en día se ha modificado, siendo la conexión entre Sevilla y Gijón.

Zafra es el primer “pueblo blanco” que encontramos antes de Andalucía; un pueblo bonito de estrechas callejuelas; pero solamente con sus dos plazas principales, Zafra ya lo vale todo. Ver y sentir la Plaza Chica y la Plaza Grande al atardecer es un momento realmente evocador.



Con la “excusa” del “Viaje de Recién Casados”, seguimos dándonos todos los caprichos; una cervecita por aquí… un vino por allá… y por supuesto comida local; y que mejor que un buen surtido de ibéricos extremeños, en una de las mejores tierras para éste tipo de productos…