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06 diciembre 2008

HISTORIAS DE UNA OLA ASESINA

Dejando atrás las buenas temperaturas de Ella y las montañas, nos vamos al sur del país a la zona costera, a la pequeña villa de Tangalla donde lo primero que nos encontramos son historias espeluznantes sobre la conocida ola gigante que acabó con más de 300.000 vidas en 5 países; aquel Tsunami del 26 de diciembre de 2004.
Sri Lanka fue el segundo país peor parado tras Indonesia; más de 30.000 personas perdieron la vida en esta pequeña isla, y alrededor de 1 millón fueron desplazadas.

El ambiente aquí es caluroso pero la lluvia no nos deja en paz, esto hizo que nos refugiásemos nada más llegar en el restaurante de un hombre, Rohita, que nos invito a pasar el rato allí hasta que pasase la tormenta.
Rohita nos empezó a contar historias como la de un amigo suyo francés que perdió a su hija aquí en Tangalla por el Tsunami; desde entonces viene por aquí a menudo.
A parte de la chica francesa, otros 3 turistas más murieron por ser temporada alta; y un total de 84 personas de la pequeña villa.
Su historia personal tampoco tiene desperdicio, se le pone a uno los pelos de punta imaginando, como él nos contaba; ver a la gente corriendo lejos del mar, y de repente ver una masa de agua llegar a toda velocidad, de la que afortunadamente escapó saltando un muro, metiéndose entre varios callejones y finalmente accediendo al tejado de un alto edificio, donde pudo ser rescatado más tarde. Y esto teniendo en cuenta que se encontraba en su restaurante a unos 300 metros de la línea del mar; el cual quedó completamente inundado hasta la segunda planta.

Después de escuchar todo esto, fuimos en busca de algo para dormir en primera línea de playa…
Todo el mundo nos llamaba pues no hay turismo, entre la guerra del norte, y el miedo a un posible Tsunami, la zona se está quedando sin turismo; conseguimos una habitación muy buena, con baño enorme, a pie de playa por el precio habitual de 500 rupias (3,5€)


Desde que comenzamos a caminar por la playa vimos los efectos devastadores del Tsunami; prácticamente todo es nuevo, y los edificios que consiguieron aguantar en pie están abandonados y destrozados, o les quedan un par de paredes.
También hay pequeños cementerios conmemorativos en las orillas de las playas.


La playa es un paraíso, pero no se puede disfrutar de ella, pues el mar es muy fuerte y peligroso aquí, y el agua en ocasiones llega a la carretera, ocupando todo el espacio de arena; tampoco es muy limpia, posiblemente debido a los pescadores que arrojan todo por la borda.


A parte de playa, un paseo por el mercado siempre es algo bonito, con gente maja que nos dan a probar las frutas exóticas.


Tras Tangalla, nos movemos un poco más al oeste siguiendo la costa, hasta Weligama donde contactamos con Ekanayake de HC; y con él nuevas historia de aquel día de hace casi 4 años; él y su familia viven en una colina así que sus propiedades no sufrieron daños, lo que pudo haber sido un desastre es si hubiese retrasado su salida 15 minutos; iba conduciendo en coche con sus dos hijos por la carretera costera, y 15 minutos más tarde de desviarse hacia el interior, llegó el Tsunami.

Numerosas organizaciones de ayuda vinieron a Weligama para la reconstrucción de casas y ayudar a niños que quedaron sin padres; 400 personas fallecieron en ésta ciudad por la ola de 10 metros que llegó a 700km/h.

El día que llegamos caminamos por las villas disfrutando de un paraíso visual de continuo; playas solitarias rodeadas de palmeras y puestas de sol increíbles.
Por esta zona hay unos peculiares pescadores que se han vuelto muy populares entre los turistas; estos pescadores se colocan sobre unos delgados palos de madera en mitad del agua con la caña; pero es una pena lo que la industria turística a veces hace con ésta gente y sus tradiciones.
Encontramos dos de los susodichos palos, pero no había pescador; aunque rápido se acercó un hombre proponiéndonos subirse al palo como si estaría pescando para hacerle una foto, a cambio por supuesto de X dinero…


El pescado es muy abundante en la zona, sobre todo atún; y a buen precio, el kilo se paga por menos de 2€.


El día que nos queríamos tirar de playa, nos salió mal; toda la noche y la mañana se pasó lloviendo produciendo daños en 50.000 viviendas en otras provincias más al norte de aquí; y un total de 50 personas perdieron la vida.
Cambiamos los planes y nos fuimos a ver un viejo fuerte holandés en la ciudad de Galle.
Realmente los muros fueron construidos por los portugueses que llegaron primero, concretamente Vasco de Gama, quién llamo a Galle de esta forma porque escuchaba cantar a un gallo continuamente, (galle es gallo en portugués); es un gran saliente al mar con un tranquilo y bonito pueblo dentro, con calles estrechas que nos recuerdan a las de Goa, con varias iglesias también.


En casa de Ekanayake propusieron preparar algo de comida española, hacía mucho que no lo hacíamos porque son muy diferentes las cocinas, el estilo de cocinar, los productos y herramientas…, pero bueno, ahí le dimos, lo preparamos y fue muy curioso ver a los niños con qué asco (a lo desconocido) miraban y comían la tortilla española.


El siguiente día el tiempo nos dio la tregua suficiente como para irnos a Mirissa a disfrutar de otra paradisiaca playa; aunque el mar sigue siendo bastante bravo en esta zona.
Para ir fuimos en bus, y aunque los cingaleses se han portado de cine con nosotros, Sri Lanka es uno de esos países junto a India y otros, en los que piensan que todo extranjero es millonario y todos vamos repartiendo dólares; normalmente nos quieren cobrar de más en todo, y eso mismo pasó en el bus. La parte buena es que no son tan buenos mintiendo como los indios, y se les nota que se ponen nerviosos cuando lo hacen; y si se les dice de comprobar el precio con un policía, entonces ya nos dan el precio normal.


De vuelta en Weligama vimos un improvisado partido de cricket, tan famoso aquí como en India o Pakistán.


En Ambalangoda también contactamos con una familia de CS; ellos viajaron a Europa hace unos meses, una experiencia envidiable entre la gente local, y una vivencia única para recordar toda la vida.
Samathasiri, su esposa Naena y los tres hijos/as, fueron encantadores; nos trataron de maravilla; los chicos, de entre 9 y 15 años, hablan muy buen inglés y daba gusto hablar con ellos sobre el viaje, haciéndonos multitud de preguntas.
Esta familia perdió absolutamente todo en el Tsunami, pues la casa estaba apenas 30 metros del mar.
Samathasiri se encontraba trabajando en Colombo donde la ola sólo se noto en una subida y bajada del mar. Él trabaja en el puerto y al ver un extraño fenómeno alertó a la familia en Ambalangoda. Vio como el mar se retiraba de la tierra dejando un gran trozo sin agua; a pesar que él desconocía lo que podría ocurrir, llamó a la familia y les comunicó que saldrían de la casa corriendo a casa de sus padres 400 metros colina arriba. En su huída llegó la ola que no les alcanzó porque ya estaban subiendo a cotas más altas; Naena y los tres niños se salvaron y la casa quedó arrasada, tan sólo se tienen en pie dos trozos de pared y los cimientos.
En las cercanías todavía se encuentra un tren descarrilado que recuerda el desastre ocurrido; al llegar la ola, la gente pensó que la solución era meterse dentro del tren para salvarse, pero estaban muy equivocados, el mar se llevó el tren por completo como si fuera una pluma, muriendo todas las personas que se hallaban dentro; alrededor de 1.000 personas murieron en el distrito de Ambalangoda.
Los días siguientes fueron igualmente horribles; el hijo pequeño de Samathasiri quedó un tiempo conmocionado y con secuelas de ver todo lleno de cadáveres hinchados por el agua flotando por todas partes y un olor insoportable.

Ambalangoda es conocido por las máscaras, desde que llegamos al país hemos visto por todas partes suvenir de máscaras de diferentes caras y diablos; todo ello viene de aquí, donde se encuentra lo mejor del país.
Visitamos el museo donde relataban historias fantásticas; la gente usaba las diferentes máscaras fabricadas en madera y con colores naturales muy vivos para representaciones artísticas.
Estuvimos tentados de comprar alguna, pero supera con creces nuestro presupuesto, y tampoco podíamos saber su precio real, porque los conductores de rickshaw, cuando nos veían merodear por la zona de las tiendas, iban rápido y se colaban delante nuestro para así poder llevarse una comisión diciendo que nos habían traído ellos.


Nos perdimos un poco por la ciudad llegando al movido puerto pesquero, donde llegaban barcos de continuo con pescado, mientras otra gente aguardaba en el puerto con sacos de hielo para la conservación de la pesca, o se dedicaban a la reparación de las redes.


A 15km de Ambalangoda está probablemente la ciudad playera más turística de Sri Lanka, Hikkaduwa. Es conocida por el pequeño santuario coralino cerca de la playa, pero claro después de haber buceado en Australia, Papúa Nueva Guinea o el Mar Rojo, esto se queda bastante corto. De todas formas siempre es una pasada observar toda esa vidilla bajo el mar, multitud de peces de colores, algún calamar y una gran morena.
Para ello simplemente alquilamos unas gafas y aletas en uno de los multitudinarios puestos playeros.


Como nunca habíamos viajado en tren en Sri Lanka nos fuimos en éste medio de transporte de vuelta donde empezó todo, la capital, Colombo.
Los trenes son bastante más cutres que India y parece que se desmontan del movimiento, pero son mucho más cómodos que los autobuses que siempre van a retaque de gente.

Nuestro principal objetivo era ir a reclamar los 50 dólares de las entradas que compramos en Anuradhapura, con nuestras “tarjetas de estudiante internacional”
Encontramos la calle de la oficina, pero como muchas de las calles con importantes establecimientos del gobierno, estaba entera acordonada con militares llenos de armas y revisando todo. Para allá fuimos, mostrando los pasaportes y así logramos llegar a la oficina dónde reclamamos los 50 dólares por ser “estudiantes”; el proceso fue lento, pero al final lo conseguimos, recuperamos un dinero que nos vendría muy bien.

En la tarde encontramos a Yasendra, un chico de CS, que estaba con una amiga norteamericana, April; y nos fuimos a su casa.
En un principio fue un choque muy fuerte para nosotros, después de viajar por lugares tan rurales en Sri Lanka, llegar a la capital y a la zona donde vive Yasendra (zona de alta clase) fue como que no nos encontrábamos muy a gusto; todo muy moderno, sociedad de consumo, comodidades, lujos…
En un principio creímos que Yasendra vivía en un pequeño apartamento, pero después nos dijo que la cena estaba lista, y a través de puertas para acá y para allá, escaleras…llegamos a la cocina donde estaban los padres y parte de los sirvientes, en una gigantesca casa.

Nos comentó de salir a tomar una copa con los amigos (entre ellos el hijo del ministro de exterior); y como buenos huéspedes aceptamos; lo que no sabíamos es que la copa iba a durar hasta las 6:30 de la madrugada.
La verdad es que somos personas muy opuestas y en los lugares donde fuimos no encajábamos para nada, discotecas glamurosas donde se reúnen los peces gordos de la ciudad, dejándose fortunas en alcohol, y con un par de prostitutas a cada lado; y nosotros, yo con la camiseta de los Simpson y María con las chanclas de la playa…
En un primer pub nos invitaron a tomar una cerveza, la cual tenía un precio asequible de 1€; así que nosotros hicimos lo propio en esta otra discoteca pagando las tres cervezas más caras de nuestra vida; se nos quedó la cara a cuadros cuando el camarero nos dijo que eran 18€ por tres Heineken; el dinero que nos da para vivir dos días…Total que la alegría de haber conseguido el dinero de los ticket del Triangulo Cultural, quedó compensada con las tres birras.
Terminamos desayunando en un hotel de lujo, kiribati; una comida típica en la mañana; tacos de arroz lechoso, con carne de ternera o pollo.

El último día en Colombo no pudimos hacer mucho, estábamos reventados de dormir sólo 3 horas; de todas formas tampoco tiene mucho que ver la capital cingalesa, a parte de la zona del antiguo fuerte y la vida de sus habitantes. A última hora nos refugiamos en la paz del mar cruzando las vías del tren.


Nos ha dejado muy buen sabor de boca Sri Lanka; es un país que lo tiene todo; antiguas civilizaciones, exuberante naturaleza, montañas, playas paradisiacas…sus habitantes son amables y muy simpáticos; y a pesar de la situación de conflicto en el norte o aquella ola asesina, el país goza de gran tranquilidad y es muy seguro para viajar.


27 noviembre 2008

TE DE CEYLAN

Kandy es la ciudad más importante del país fuera de la franja costera oeste; es una ciudad, pero seguimos sintiendo esa tranquilidad de Sri Lanka, es como si fuese un pueblo grande. Tuvimos la gran suerte de ser alojados por Buddhi, un chico de CS que vive fuera de Kandy, en una villa llamada Bollegoda en mitad de la jungla.
La casa donde vive es muy bonita, ubicada en un autentico paraíso donde recogen todo tipo de frutas conocidas y desconocidas para nosotros; entre las desconocidas, el “jackfruit”, (no se la traducción en español), una gran fruta rugosa y deforme que puede alcanzar un tamaño superior al de una sandía y que se da en unos altos árboles; el sabor es como el de la piña pero es todo carne, muy denso. Tienen frutas que se colectan, no de las ramas de los arboles, si no del mismo tronco, así como un tipo de hongo. Otra cosa típica de aquí es una miel que no es de panal, la extraen de la resina de un árbol; también vimos árboles de especias, como el clavo o la nuez moscada; aparte de esto nombrado tienen infinidad de ellos más.


Ya hemos visto desde el principio que la gente aquí es diferente a India, pero es que realmente es muy diferente, sobre todo uno lo nota al hablar con las personas quienes son mucho más abiertas, puedes tratar cualquier tema, pues tienen un nivel de estudios alto, y la mayoría habla muy buen inglés. Concretamente en la familia de Buddhi, su padre nos dio unas buenas lecciones sobre el budismo, el cual considera una filosofía y no una religión. Con sus casi 70años, es una de esas personas que cuando terminan de decirte algo te dejan pensando dando vueltas al asunto…

Fueron una familia muy hospitalaria con nosotros, cada día nos daban de comer la comida tradicional la cual debíamos comer con la mano como ellos; arroz cocido con las verduras y el dhal, con alguna otra combinación. La comida no es una maravilla, ellos lo saben, pero afirman que en Sri Lanka no se disfruta la comida, simplemente se come para sobrevivir, esto no quiere decir que se pase hambre, en general en Sri Lanka, la gente vive bastante bien; comida hay de sobra.

El vecino de Buddhi, Buddhika nos llevó a comer a su casa también; su madre estaba muy feliz de tener huéspedes, uno siente cuando te lo están dando todo de corazón. Buddhika nos llevó a recorrer diferentes villas de la zona, viendo a las mujeres plantando el arroz mientras entonan canticos que hablan sobre el trabajo, para que no les sea muy duro. Estas mujeres no son trabajadoras asalariadas, ni la propiedad es de otra persona, son campos de las diferentes familias de la villas y todas ellas se ayudan.
Igualmente con una carretera que pasa cerca de la casa de Buddhi, el gobierno les da los materiales necesarios y entre todos los vecinos, construyen la carretera.


En Kandy paramos por el mercado de frutas y especias con vendedores persistentes pero simpáticos que nos abrían frutas para nosotros hasta que teníamos que decir: ¡para, para! En la primera foto se ve la “jackfruit” a la derecha del hombre, y el otro posee un gran carro con lichis.


En el centro de Kandy se halla un gran lago, no solo bonito y bien cuidado, también lleno de variada fauna; diferentes tipos de aves, tortugas, monitores de agua…


Aquí sí que está el verdadero diente de Buda, en un gran templo; pero decidimos no pagar más entradas, se pasan mucho con los precios, de todas formas el diente lo tienen oculto y no se puede ver. Este día coincidió que venía el presidente y había un gran revuelo en la ciudad, concretamente en dicho templo; según Buddhi, es un buen motivo para estar alejado de él, porque con la situación actual puede que el LTTE se revele poniendo alguna bomba suicida, como ya hizo en el pasado.

Un momento muy bueno fue cuando ascendimos una pequeña colina para ver un gran Buda; de nuevo cobraban entrada que no pagamos, lo que hice fue entrar por detrás gratis pero un niño monje se chivó de mi y tuve que salir rápido. Al volver a la entrada encontré a María hablando con una pareja de Suiza; Olivier y Paloma; ella es de origen español, una pareja encantadora, quienes hace 20 años hicieron un gran viaje de 23 meses por el mundo, unos tiempos muy diferentes a ahora, en los que viajar sí que era una grandísima aventura, sin apenas comunicación con “el mundo real”
Como teníamos planes similares en los próximos días decidimos encontrarnos para hacer la marcha al Pico Adam juntos; una de las montañas más altas de Sri Lanka, y la más sagrada de todas.


El trayecto hasta Hatton fue una locura, los conductores de autobuses están más locos que India, y da miedo de verdad, más aún cuando nos estamos adentrando en la zona montañosa del país y la carretera serpentea por altos valles. El paisaje cambia ligeramente, de las palmeras y cocoteros a los cultivos de té que cubren todas las colinas en todas direcciones. El té de Sri Lanka es conocido mundialmente, de la mejor calidad del mercado; quizá más conocido como té de de Ceylán, antiguo nombre del país que pusieron los portugueses en el siglo XVI (Ceilao), y que cambió ligeramente durante las siguientes ocupaciones de holandeses y finalmente británicos, antes de pasar a llamarse Sri Lanka (tierra prospera o resplandeciente), en 1972.

Seguido de Hatton tiramos hasta la villa de montaña Dalhousie, situada a pies del pico Adam (2.243 metros) Dicha villa está construida para recibir a los peregrinos en la estación alta (de Diciembre a Mayo) y consiste en un puñado de hoteles y alguna tienda.
El autobús nos paró en el hotel de turistas, donde una gente nos intentaba convencer de quedarnos ahí puesto que hotel que buscamos para encontrarnos con Paloma y Olivier no existe; pero no los creímos y seguimos en su busca. Más adelante otros hoteles nos decían que ya eran el último del pueblo que no existía un tal “Green House”; pero seguimos hasta el final, justo cuando a empezó a llover con gran fuerza; encontramos la “Green House”; empapados de agua, pero la encontramos. Fue una alegría ver a Paloma y Olivier quienes aguardaban nuestra llegada.

El clima a cambiado por completo, hace un poco de frio, estamos envueltos en niebla, y por primera vez desde el norte de Sudan tenemos que sacar las cazadoras.

Esta encantadora pareja suiza, tuvo un gran detalle al invitarnos a cenar en la casa de huéspedes, fue una gran noche en la que tuvimos muchas experiencias que intercambiar de su pasado viaje y el nuestro; la categoría de la cena también fue bastante superior de la comida que hemos probado desde que hemos llegado al país.


La mañana siguiente quedamos a las 2:30 de la madrugada; antes de partir nos aplicamos una pomada anti-sanguijuelas que nos dejó la mujer del hotel; para unos funcionó, en mi caso…recibí cinco picaduras de los chupasangre. No tiene ningún peligro de nada, lo único que cuando muerden se deben de quemar para que salgan por si solas; y el bicho, al aplicar un anticoagulante para que la sangre fluya, hace que se sangre un buen rato.


A pesar de la lluvia, cogimos las linternas y comenzamos la marcha, junto a otra chica alemana, y una pareja checa; el camino es muy parecido al de otros “peregrinajes” que hicimos en India, con escalones todo el tiempo, (5.200) En tres horas llegamos a la cumbre, en una marcha que se hizo amena y rápida por el grupillo que hicimos, sólo nos detuvimos en alguna ocasión para quitar las sanguijuelas.


Al llegar a la cumbre, lo alto de la montaña quedó despejado, cayendo las nubes abajo; aunque de todas formas estaba nublado y no pudimos ver el amanecer, tuvimos unas bonitas vistas del mar de nubes bajo nosotros.
Y… ¿por qué es sagrada esta montaña?, resulta que en la cumbre guardan bien bajo llave una marca que dicen ser una pisada de Buda; aunque otros discrepan diciendo que es de Adam, Shiva… El caso es que tampoco pudimos verla, porque el cuidador del lugar dijo que era temporada baja y que no se abría…


Una vez de vuelta nos esperaba un enorme desayuno, también gentileza de Paloma y Olivier; té, rollitos de coco, tostadas, fruta y diferentes tipos de panes. Aunque haya sido corto, fue difícil despedirse de esta simpática pareja, quienes seguían su viaje hacia el centro del país. Nosotros nos quedamos una día más para descansar y disfrutar del buen ambiente del pueblo y la casa donde nos alojamos.


El día que dejamos Dalhousie fue muy largo y cansado, al no haber buenas conexiones de buses hacia nuestro destino, tuvimos que tomar cinco autobuses para 150km tardando casi 9 horas. Todo ello carretera de montaña con pueblos muy bonitos de camino como Nuwara Eliya situado a 1.900 metros de altitud, y con la montaña más alta de país a su lado y que no vimos por la espesa niebla; gente simpática como siempre, y por supuesto tierras cubiertas de plantaciones de té.

Ella, es un pueblo ubicado en las montañas, el lugar ideal para descubrir recónditos sitios, pero el clima nos esta condicionando como nunca nos había ocurrido, el día siguiente de llegar todo estaba cubierto de una espesa niebla que no levantó en todo el día; lo único, pero interesante, que pudimos hacer fue visitar una fábrica de té cercana.
Tienen una tarifa para turistas, pero bueno nosotros contamos un buen rollo al hombre y nos lo dejó a mitad de precio.

Dada la importancia de éste elemento, no sólo en este país sino en países que ya pasamos como los árabes, y otros que vendrán como China…vamos a dedicarle un buen apartado para ver cómo evoluciona el proceso desde que se recoge una simple hoja hasta que nos tomamos una taza de té en nuestra casa.

Comenzaremos desde el principio, la recogida de la hoja. Las hojas del té salen de un pequeño arbusto de unos 50 o 60cm de altura, estos arbustos cubren las laderas de las colinas y tienen pasillos a diferentes alturas para poder tener mejor acceso las mujeres y hombres que las recogen.


Estas personas que recogen la hoja arrancan un poco de todo, pero realmente la hoja del buen té son las puntas nuevas del arbusto, exactamente las dos últimas hojas mas la nueva que está saliendo, en la foto se puede ver más claramente. Cada parte de éste conjunto de hoja será destinado a diferentes lugares durante la selección de grano; es decir, la hoja nueva que comienza a salir irá a los países árabes mientras que la hoja superior de las dos, irá para Europa.


La calidad del té viene dada por la altitud a la que se encuentre la planta; según nos contaron esta fábrica trabaja con lo mejor, pues se encuentra en una altitud media, (alrededor de los 1.000 metros). En Nuwara Eliya están sobre los 2.000 metros, y en la zona costera es demasiado bajo.

Las fábricas de té siempre están situadas en lo alto de las colinas porque así pueden tomar el aire natural para el secado; el primer paso cuando traen las hojas a la fábrica es meterlas en unas enormes cubetas, en cada una entran 2.000Kg de hojas, que tras 12 horas secando quedará reducido a 1.000Kg. El secado influirá en la calidad del té, lógicamente lo mejor es natural, pero en días como los que estamos, en la época húmeda, deben utilizar aire caliente que sale bajo las cubetas para secarlo.


Seguido, en tandas de 200Kg vierten las hojas por unos tubos que van a la planta inferior donde una maquina las gira y enrolla para ser pasadas por otra máquina que selecciona las hojas grandes (malas) de las pequeñas (buenas). Las hojas grandes deben pasar el proceso anterior hasta cinco veces; este té será el que queda en el país, la calidad buena será para exportar.

Tras éste proceso, la hoja fermenta en 2 horas por sí misma en unas planchas metálicas (3 horas en época húmeda); aquí cambia el color de la hoja a negro, que es la calidad de té que se fabrica concretamente en ésta fábrica, té negro.

El siguiente paso es una máquina que mediante unos rodillos quita todas las impurezas de la hoja como los tallos y que después reutilizan como fertilizante.


De aquí pasamos a la selección del grano en tres diferentes medidas; la medida más pequeña pasará por otra máquina más que la reseleccionará en siete tipos de grano.
Cada medida está destinada a diferentes lugares (como comentábamos antes), una es más demandada por países árabes, otra va para Europa…


En sacos de 36Kg todo va dirigido a Colombo, (al igual que la mayoría de fabricas), donde será distribuido simplemente como “Té de Sri Lanka”


Cuando habíamos tomado la decisión de marcharnos al sur en busca de buen clima, nos amaneció una buena mañana y decidimos quedarnos para hacer una caminata hasta una montaña que la llaman el pequeño Pico Adam; desde él pudimos ver el océano Indico que se encuentra a casi 100km en línea recta; a parte de un paisaje espectacular como de costumbre en Sri Lanka.