16 enero 2008

LOS OASIS

El Cairo nos tiene atrapados definitivamente; la mañana de “visados” no salió como esperábamos. Primero en la embajada de Sudán nos dicen que debemos esperar una semana para obtener el visado, con lo cual ya rompió todos nuestros planes. Y en la embajada etíope nos dicen que el visado inicia cuando nos lo dan; es decir, llegaríamos a Etiopia con nuestro visado caducado…
El día mas que nos quedamos, fue algo sorprendente, un Cairo tranquilo que nunca habíamos visto, creemos que fue debido al día de la Navidad ortodoxa, que se celebra el 7 de enero; asi que nos fuimos a ver el ambiente por el barrio copto, y a seguir descubriendo nuevos lugares de la ciudad.


Continuamos decididos a hacer dedo hacia el desierto, y el primer coche que nos llevó, nos sacó de todos los esquemas que teníamos sobre el autostop en este país; lo primero aclaramos que no podíamos pagar, pero no sólo dijo que no quería dinero, sino que nos dio 20 libras! Cuando vimos la carretera que se adentraba en el desierto nos quedamos de piedra, creímos que sería imposible; pero, un camión se ofreció a llevarnos unos kilómetros más, y desde aquí, 350km de puro desierto hasta el oasis de Bahariya, a manos de un jeep.


Después de tantos kilómetros, es sorprendente llegar al oasis y ver vegetación, parece imposible; por aquí, nos buscamos algo para dormir por 1€ la noche.


El oasis de Bahariya ha cogido mucha fama después de encontrar cientos de momias doradas, muy diferentes a las que hemos visto anteriormente, pero su interior fue mal embalsamado y se ha destruido, por lo que se cree que fue el inicio del fin de ésta práctica.
Visitamos otras tumbas bajo tierra con muchas pinturas, y otras con gravados en piedra, una de ellas podría ser la prueba de que Alejandro Magno, estuvo por aquí. Por hacer fotos nos pedían más que por la entrada, asi que solo pudimos sacar un par de “estranjis”.


La gente del oasis lleva una vida un tanto dura, y muy tradicional; vendiendo sus productos en una concurrida calle llena de puestos. Prueba de ello fue el día que marchamos; nos fuimos a comprar pan a la panadería, donde la gente espera durante horas su turno; y las mujeres más aún, pues la fila de hombres tiene una ligera preferencia.


En cuestión de minutos cambiaron todas nuestras ideas, en principio íbamos a cometer la locura de hacer dedo hasta el siguiente oasis, luego lo pensamos bien y decidimos tomar un bus; pero en ese momento un hombre que venía de hacer un safari por el desierto, nos dijo que él regresaba al Oasis de Farafra, y que nos hacia un precio especial. La primera vez que escuchamos sobre un safari al desierto blanco, la cifra ascendía a 600 libras; este hombre nos dijo 100 cada uno, y ni nos lo pensamos. El comienzo no fue muy alentador, mientras hizo diferentes revisiones para poner a punto el vehículo, el jeep nos dejo tirados en medio de la ciudad; lo solucionó sin problema y marchamos…
Rumbo al sur, hacemos la primera parada en el Desierto Negro, su nombre, proviene porque todo alrededor está salpicado de piedras volcánicas, con lo que adquiere ese color negro, pero lo más llamativo son todas las pequeñas montañas cónicas que se alzan sobre la llanura desértica.


Otro lugar fué, la montaña de cristal, una de las cosas que ponen como interesantes para el negocio de los safaris; pues lo realmente bonito de aquí es el Desierto Blanco. Rocas blancas como la nieve, desgastadas durante los años por el viento y el agua, formando figuras surrealistas, las más curiosas son el campo de setas, esparcido por kilómetros en la arena del desierto.


Los chicos que nos llevan son beduinos, quienes conservan sus tradiciones muy arraigadas, amenizándonos el camino con sus cánticos de toda la vida. Hamdy, como buen beduino nos invitó a su casa para tomar té, aunque antes tuvimos que luchar con él por un precio razonable de aquella habitación, o, criadero de mosquitos mejor dicho.
Farafra es el más pequeño y tranquilo de los oasis; sus habitantes son beduinos en su mayoría, quienes llevan una vida bastante dura. El turismo es escaso, porque se suele pasar de largo; esto hace que la gente no tenga tanta picardía, y no nos piden nada en las calles.


Antes de llegar al oasis, un control de la policía hace responsable a Hamdy de nosotros pidiéndole sus datos; él nos comenta que es normal aquí, y que muchas veces lo llaman por teléfono a cualquier hora para ver de dónde vienen y a donde van sus clientes. Nosotros mismos lo comprobamos estos días, cuando tuvimos un policía continuamente en el hotel preguntándonos. Pero lo peor fue el día que dejamos Farafra, nos dimos cuenta que la policía no solo son pesados, sino que también quieren sacar cacho del turista, engañándonos con los precios del bus. Nos mosquemos con él y salimos por la carretera principal andando; nos mandaba parar, pero como no le hacíamos caso nos siguió a nuestro rabo todo el rato; cuando nos deshicimos de él, hablamos con el chofer del bus y nos dijo el precio autentico.
La opción del autostop ya la hemos descartado por completo, simplemente porque no hay vehículos, solo buses o jeep de turistas. Hay un bus al día que comunica Farafra con el Oasis de Dakhla, pero es tan tarde e inexacto que probamos con los minibuses, que parten cuando se llenan de gente. Nos dijeron que en 20 “minutos egipcios” salía, es decir 2 horas de tiempo real. Los egipcios en general tienen problemas con las medidas de tiempo y distancia…

Las vistas del desierto van cambiando a grandes dunas de arena, y el intenso sol produce grandes espejismos de “lagos”.


El Oasis de Dakhla es el más bonito que hemos visto, compuesto por numerosas villas; aquí las dunas se mezclan con las palmeras y la sorprendente verde vegetación. Sus habitantes, también en su mayoría beduinos, son gente muy tranquila y peculiar con sus sombreros de paja. Descubrimos parte del oasis a golpe de pedal con unas viejas bicicletas que alquilamos.


En el centro de Mut, la villa principal del oasis, se encuentra la ciudad antigua donde entre las derruidas casas de barro, vive aún gente muy humildemente.


Muy similar, pero mejor conservada es la antigua villa islámica de Al-Qasr, con su mezquita de adobe y antiguos instrumentos de madera. Hasta aquí nos vinimos con el trasporte público, una camioneta “pick up”, con bancos, que como en todos los oasis, parte cuando está llena de gente. En la nuestra llegamos a ir 22 personas contando los que iban colgados por fuera.


El último oasis fue el de Kharga; sólo estuvimos unas horas, hasta coger el bus de El Cairo, pero no faltó una visita a la Necrópolis; antiguos mausoleos de barro y adobe de entre los siglos IV y VII, donde nos encontramos algunos cuerpos aún medio momificados.


La policía nos sigue a todas partes, pero esta vez como les hicimos tan poco caso, se acercó uno de ellos para que firmásemos el papel donde renunciamos a tener escolta; algo absurdo totalmente, pues hubo un policía que nos siguió durante horas sin enterarnos; nos dimos cuenta al poco de coger el bus a El Cairo, ya que, no se despegó de nosotros hasta que subimos.

En Egipto tienen la costumbre de conducir sin luces porque creen que ahorran combustible, y lo mismo pasa con la calefacción; por lo tanto el viaje hasta la capital, fueron más de 7 agonizantes horas, a unos 4 o 5 grados de temperatura dentro del bus.

Y por tercera vez volvemos a esta gran ciudad! Movidos principalmente por el visado sudanés, fue eso lo primero que hicimos, acercarnos a la embajada. Toda la mañana entera, sin haber dormido, para que nos digan que aún no lo tienen, que volvamos mañana…Menos mal que seguimos contando con la ayuda de Mostafa hasta a ver qué pasa con el dichoso visado de Sudán…


Hace tanto que vinimos a esta ciudad que ya es como volver a casa, después de unas pequeñas vacaciones por el desierto.

05 enero 2008

LA GRAN SORPRESA DE... "EL CAIRO"

Debido a la sorpresa que nos espera en El Cairo; como personas normales, tomamos un autobús nocturno, que subió por la costa del golfo de Suez, hasta la capital egipcia.
Lo primero que hacemos es contactar con Mostafa de CS, que vive en Giza, oficialmente otra ciudad, hoy en día totalmente unida a la gran urbe de El Cairo. Hemos llegado en días de fiesta, el segundo “Heit” del año, tres días en los que se sacrifican animales para repartir su carne entre la familia, los vecinos y la gente pobre; en las calles se ve algún animal preparado para sacrificio, pero lo que más se aprecia es la cantidad de personas; multitudes de gente ocupando las calles, eso unido al tráfico de Cairo resulto ser una gran locura.
Sin duda el momento más esperado aquí, y ya durante algún tiempo atrás, era la llegada de parte de nuestra familia; nos atrevimos a ir en bus hasta el aeropuerto (más de 1 hora), y esto fue lo que nos encontramos….


A partir de aquí Vicky, Marian y Jose, se unen a “dondeandanestos” por unos pocos pero intensos días.
La familia llegó cargada con regalos y provisiones, como alguna “delicatesen” española (embutidos), botas nuevas, y un gran cambio en nuestro equipo, un portátil.


Después de cuatro días en El Cairo, ya nos decidimos a ver la maravilla del mundo que se haya en Giza, las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos. Al llegar la gente nos engaña tratando de convencernos que solo se puede entrar en vehículos de tracción animal, pero de los egipcios solo hay que creer una decima parte de lo que digan.
Las tres moles de piedras imponen y destacan sobre las pequeñas pirámides de las mujeres (habitual en estos países); los hombres de los camellos nos acechan constantemente, diciendo que no nos cobran por hacer una foto; claro por decir eso, luego pasa lo que pasa, tenemos movida por no pagarle.

Más abajo está la esfinge, utilizada en el pasado para prácticas de tiro, y la cual posee una enfermedad en su interior, que si no cesa terminara destruyéndola.


Otro lugar que uno no se puede perder, es el museo egipcio; se debe tomar con mucha paciencia pues es enorme y puede terminar cansando; de todas formas es increíble todo lo que nos dejaron personajes de las antiguas dinastías como Tutankamon, Ramsés II, Tuthmosis III…etc…

El museo está en Taharir, el corazón de El Cairo, donde hemos pasado la mayoría del tiempo; para nosotros se puede decir que de vacaciones, pues todo ha sido más relajado, visitando algún bar, restaurante, o fumando la shisha, algo tan tradicional en la vida egipcia.


Hemos sido muy afortunados de encontrar a Mostafa; el día de Nochebuena pudimos preparar una cena en su casa, y hacer una buena fiesta, con una especial comida que nosotros hacia muuucho que no catábamos.


Marchamos al norte en tren, Alexandria, antigua capital griega; aquí nos metimos en las catacumbas y visitamos la gran mezquita. Pero lo más interesante fue encontrarnos la parte “autentica” de la ciudad; pequeñas calles llenas de mercadillos, gente que nos penetraba con sus miradas, y entre todo ello, montañas de escombros y basura.


Decidimos volver al reciente paraíso que conocimos en Sinaí, y disfrutar de ello con la familia; conseguimos un bus desde Alexandria a Nuweiba con una parada en Cairo, 13 horas en total hasta la villa del mar Rojo, donde tuvimos más sorpresas, el reencuentro con recientes amigos…


Mientras van pasando estos días festivos y fríos en España, nosotros estuvimos un par de días bajo el sol subtropical, haciendo snorkling viendo los corales.


De vuelta en El Cairo, no hicimos mucho mas, pues el tiempo lo dedicamos para disfrutar de los pocos días que nos quedaban con la familia. Mostafa nos volvió a dar la oportunidad de pasar una Nochevieja especial invitándonos a casa de su madre, con su familia y amigos de diferentes países, con un menú preparado por los invitados, completándose un riquísimo bufé.
Aquí no se le da mucha importancia a este día, simplemente alrededor de medianoche hacen una cuenta atrás y tras ello se abrazan…Pero nosotros conservando la tradición, a la medianoche española, nos sacamos 12 uvas pasas, que comimos a son de los toques de dos botellas de cerveza.


El 2008 no comienza muy emocionante; primero las despedidas que nunca son buenas, y segundo tener que quedarnos atrapados en esta ciudad para hacer papeleos, eso que lleva tan poco tiempo…Nos trasladamos de casa por unos días, Taki vive un poco más cerca del centro, aunque no nos sirvió de mucho pues justo nos ha coincidido en fin de semana y no hemos podido hacer nada. Así que aprovechamos a hacer turismo en la ciudad y tener nuevas vistas de ella.

El barrio donde estamos es el de la clase alta, pero tan solo dos calles por detrás, cruzando las vías del tren, es como adentrarse en otro mundo, callejones muy muy estrechos llenos de puestos, basura, carromatos, y entre ello, el ruido de los pitidos de los coches destartalados y los gritos de los vendedores…


Usamos como medio de transporte el metro para acercarnos a la citadel, en el cual debemos ir separados, los primeros dos vagones son solo para mujeres; el resto, para almas sin domesticar que cuando ven una extranjera se piensan que pueden hacer lo que quieran con ella... La citadel se halla en un alto, y tiene una gran mezquita central; es demasiado turístico, por eso, lo mejor fue llegar hasta allí atraves de los mercados y de la vida diaria egipcia. Mercadillos auténticos, que al no recibir extranjeros son gente honrada y no tratan de engañarte; muy diferente del día a día en la ciudad donde tenemos que pelearnos con todos para que nos timen lo menos posible.


Mañana volveremos a casa de Mostafa, con ganas de partir hacia el desierto; pero antes nos espera ver qué pasa con el visado de Sudan.