27 agosto 2009

HASTA EL OTRO EXTREMO DE CHINA

En estos días llegamos justamente al otro extremo de la China; hace unos 40 días que dejamos Pakistán y desde allá, el paso de Khunjerab, hemos recorrido cerca de 9.000km en buses, trenes, coches y barcos justo hasta la otra punta del país.

De la súper ciudad de Wuhan pasamos a una pequeña villa en el extremo noreste de la provincia de Jiangxi, tras un montón de horas de autobús…
La villa de Likeng es una especie de museo, de hecho la entrada es exactamente como un museo porque sorprendentemente hay que pagar un ticket de entrada al pueblo de 60 Yuan válido por 24 horas, y pasar por las varas metálicas para entrar.
La verdad es que no era mi idea de pasar unos días tranquilos en una villa pues esta todo masificado de turismo chino; de todas formas Likeng es muy bonito, atravesado por dos canales llenos de puentes de piedra y madera que conectan ambos lados del río.

La noche que llegamos respiramos paz después de venir de una gran urbe, encontramos un bonito restaurante en la terraza de una casa local (todo es llevado por los lugareños), con farolillos rojos colgando; donde disfrutamos de buena comida china, atendidos por el dueño en calzoncillos; no exactamente calzoncillos, pero el hombre sólo llevaba esa prenda china muy similar a la ropa interior masculina.


Por fin disfrutamos de un día con un poco de sol desde que estuvimos en Xi’an; recorrimos todo el pueblo de una arquitectura china muy bonita, visitamos varias casas por dentro, llenas de tallas de madera, y observamos las tiendecillas de los vendedores de cosas locales; la que más me llamó la atención fue una en la que tenían montones de serpientes en frascos, capsulas de testículos de serpiente…para algún tipo de remedio natural; también tenían una de ellas viva.


La gente local no le gustaba mucho las fotos, eso siempre es un pequeño problema, de todas formas conseguí unas pocas.


La cena del segundo día no fue menos interesante que la primera, la dejamos encargada por la tarde cuando el camarero nos trajo una gallina viva para mostrarnos que la iba a matar para nosotros. Pedir un pollo entero en China supone que te pongan en el plato las patas con las uñas y la cabeza, algo tan poco usual por nuestras tierras.


Pasando por Wuyuan, llegamos a la capital del estado de Zhejiang, Hangzhou una urbe de más de 6 millones de habitantes; aquí nos retiramos en las afueras en un albergue con buen ambiente, barato pero con unas habitaciones tremendamente húmedas, teniendo en cuenta la estación en la que estamos y que no para de llover cada día, aún más humedad.
El día que llegamos no pudimos salir del albergue, se pasó todo el tiempo lloviendo muchísimo, después nos enteramos que era debido al tifón que había azotado Taiwán dos días antes y hoy estaba entrando en tierras chinas donde el gobierno había desplazado a un millón de personas por temor a un gran desastre. Finalmente contra los pronósticos Hangzhou no fue más afectada que por fuertes lluvias.

El día siguiente decidimos salir un poco, caminando cuando la lluvia nos dejaba, así atravesamos el Lago del Oeste en mitad de la ciudad a través del paso elevado de Sudi, un bonito paseo arbolado con puentes, y buenas vistas de la ciudad. Al terminar este paseo, accedimos a una isla donde había cientos de nenúfar gigantes flotando y sobresaliendo del lago, con enormes flores de Loto y unos extraños frutos que los chinos también comen.


Como el clima no nos dejó hacer más, decidimos lanzarnos a probar algunas cosas diferentes de la cocina china; encontramos un buen restaurante con un amplio menú con fotos como suele ser habitual en China; el menú parecía un álbum de bodas o algo parecido, más de 50 páginas con unos 8 platos en cada una.
Entre las delicias del menú se encontraba serpiente de agua, serpiente real, medusas, tortuga, nidos de pájaro, sopa de sangre de pato, lenguas de pato, y todo tipo de intestinos de diferentes animales.


Nosotros para ir probando nos decantamos por la serpiente de agua, la cual la sirvieron frita; la verdad es que mucha espina y poca carne, aunque estaba bien rica, un cierto sabor a pescado más que carne.
La tortuga nos la sirvieron troceada, pero con el caparazón y todo incluido; con las patas, cabeza e intestinos. Su sabor es algo especial, algo que no puedo comparar con otra cosa, simplemente sabe a tortuga…


Nuestro siguiente destino, la isla de Putuoshan, parecía que nunca llegaba; fuimos en el bus urbano hasta la estación de buses de Hangzhou, y al bajarnos una gente nos comenzó a abordar gritándonos destinos, me recordaba a India. Como nunca habíamos probado decidimos ver como funciona este otro tipo de transporte; nos llevaron donde una chica que organizaba los buses de Ningbo y nos dio un precio un poco alto, pronto nos dimos cuenta que estos buses son negociables, así que sacamos un mejor precio que el bus oficial.

Ningbo esta cerca de la costa a 2 horas de Hangzhou, aunque en el mapa aparece más pequeño cuenta con más de 5 millones de habitantes, en realidad la mayoría de las ciudades alrededor de Shanghai se cuentan por millones de personas.
Desde aquí enlazamos con otro bus que supuestamente nos llevaría cerca de la isla pero no teníamos ni idea de dónde era ese lugar; mientras hacíamos hipótesis el autobús llegó a un puerto y se metió dentro de un barco que nos llevó hasta la isla grande del archipiélago de Zhoushan; ya de noche no teníamos ni idea de dónde terminaríamos y al final el bus nos dejó en una ciudad donde nos quedamos a pasar la noche; durante nuestra estancia nunca supimos donde estábamos en realidad, luego ya supimos que era al sur de la isla Zhoushan la ciudad de Putuo.

Por fin a la mañana siguiente tomamos una lancha rápida a la isla de Putuoshan, otra de las cuatro montañas sagradas budistas de China.


Putuoshan es también parque nacional y nuevamente cobran una carísima entrada por acceder a la isla; y aunque mucha de la vida tradicional que esperábamos ver ha desaparecido, es un autentico paraíso natural.

En el centro, donde nos alojamos esta el templo de Puji y enfrente hay un maravilloso estanque de nenúfar con grandes flores de Loto; (la flor de Loto es muy importante en el budismo, cuando Buda está representado meditando, siempre aparece sobre una enorme flor de Loto)


Junto al estanque hay varios templos más, el que estaba abierto poseía unas grandes esculturas muy coloridas en la entrada; y las que están dentro junto al Buda, son impresionantes pues están talladas en madera y las expresiones faciales son muy autenticas.


Recorrimos la isla de sur a norte, pasando por sus dos playas más importantes, la de los Cien Pasos, y la playa de los Mil Pasos. Entre ellas hay un peñón con un templo y una cueva custodiada por una señora, dentro de ella como es habitual, está llena de figuras de la religión budista, y otras de la religión taoísta.


Durante el camino hay multitud de templos, unos gratuitos y otros de pago a los que no entramos o nos colamos; en uno de ellos, a María la cayó al lado una gran serpiente que descendía de un árbol.

Mas allá de la playa de los Mil Pasos hay otro gran peñón con varios templos interesantes, el que más de ellos fue el templo de Fanyin situado entre dos acantilados en V. Desde aquí había unas vistas magnificas de toda la isla y el mar de la China Oriental, que formaba diferentes colores.


En el extremo norte de la isla están construyendo un gran complejo de templos, pero el más llamativo en uno de unas 12 plantas al que se accede por una larga escalinata custodiada por dos elefantes de mármol; y un impresionante arco del mismo material al que no le falta detalle; dragones, elefantes, tigres y extraños animales de la mitología china.


Desde aquí se puede subir en cable hasta el punto más alto de la isla a casi 300 metros donde se halla el templo más importante, y donde los fieles llegan haciendo sus penitencias como dar tres pasos, arrodillarse, poner la cabeza en el suelo y levantar las palmas hacia arriba; una y otra vez…


Abajo de nuevo, desde el templo de Fuji, hay un camino hasta la playa de los ”Mil Pasos” donde nos dimos un buen baño, pero cual es nuestra sorpresa que está prohibido bañarse, sólo se puede bañar en un trozo delimitado de la playa de los “Cien Pasos” Debido a lo absurdo que nos parecía nos bañamos igualmente mientras la policía se acercaba a la orilla para echarnos. Mientras María y yo nos bañamos el policía se puso pesado y nos hacía señales de salir, y nosotros de que entrase; entonces llamó a un colega suyo más grande que se acercó a la orilla y se quitó la ropa para impresionarnos más, pero no tuvo el valor de meterse. Al final salimos del agua por cansancio, habiéndoles dado un poco de emoción a los aburridos policías, poco acostumbrados a que los lleven la contraria.

Después de esto, ya nos vamos dando cuenta más cómo es China; hemos visto mucho desarrollo en el país, buena infraestructura, un gran consumismo…pero aunque no lo parezca a China le falta libertad. La gente esta oprimida y acostumbrada a obedecer las estúpidas ordenes (porque todo son ordenes) de sus policías, militares y demás.
Desde esta playa fuimos a la otra donde un gran cartel advierte multitud de normas, como prohibido bañarse si se tiene una enfermedad de la piel, horario permitido de baño, etc…y posibles represalias a su desobediencia.


Menos mal que hay algo que todos están de acuerdo en este país, disfrutar de una buena comida; y así al estilo chino, mis padres nos invitaros a una buena cena de productos del mar que elegimos previamente en unos viveros.

19 agosto 2009

YANGTZE

Desde Chengdu, contratamos un pequeño crucero por el río Yangtze; no es algo que hagamos normalmente pero a veces en China es más barato contratarlo todo junto, que cogértelo por tu cuenta, pues el crucero también incluye las entradas y los transportes en autobús que de todas formas teníamos que hacer.
Así pues un bus nos llevó en cuatro horas hasta Chongqing, capital del estado del mismo nombre; al llegar a las afueras nos sorprendió la grandeza de esta ciudad, se dice que es una de las más extensas del mundo, su población es de cinco millones de personas, y parece una plantación de pequeños rascacielos alzándose uno tras otro, en muchas ocasiones de muy similar aspecto y superando las 30 plantas.
Alucinante son también las carreteras que a veces se superponen en tres o cuatro alturas, incluso se cuelan justas por la calle entre dos edificios poco separados entre sí, así el vecino del quinto piso también puede ver el trafico pasar desde su ventana.


En la agencia de Chongqing nos explicaron cómo iba a funcionar el crucero y finalmente fue tal cual dijeron, es increíble la precisión china, todo sale según los planes. Durante un par de horas que teníamos de espera fuimos a conocer un poco esta gran metrópoli; un punto muy bonito es la confluencia del río Yangtze con el Jialing, desde el paseo se ven los rascacielos da ambas partes, los larguísimos puentes o el gran teatro de 96.000 metros cuadrados; los vendedores de cometas las hacen volar muy alto y lejos con unos grandes artilugios donde enrollan el hilo.


Siguiendo el paseo del río Jialing se encuentran unas bonitas construcciones tradicionales (nuevas) entre los grandes bloques de edificios; los chinos siempre ponen esculturas y todo tipo de divertimentos en las calles; por ejemplo aquí hay un barco pirata con personajes salteados por todas las plantas del edificio, aparte de otras esculturas como un barbero, unas casas sacadas de un cuento fantástico…


Rápido regresamos a la agencia y nos llevaron en autobús hasta la ciudad de Wanzhou, que es donde empieza el crucero.


Y así comenzamos a navegar por el río Yangtze, que con 6.300 kilómetros, es el río más largo de China y el tercero del mundo.
La palabra crucero se suele asociar a un viaje maravilloso de lujo; el nuestro maravilloso fue, pero nada de mucho lujo; la habitación estaba muy bien pues era para los cuatro solos, pero para comer nos alimentamos a base de “cubos” de pasta rápida que son muy famosos en China; sólo hay que echar agua caliente a los noodle, se vierten las salsas y por 35 céntimos de euro se tiene una comida.


Partimos con la noche y a las dos horas desembarcamos para visitar el templo de Zhangfei; para acceder a él, hay un pasillo de tiendas de unos 500 metros; los más interesantes son los puestos de comida rápida donde se pueden encontrar todas las partes del cerdo: pezuñas, lengua, vísceras, hocico completo, orejas… A parte otros puestos tenían productos del río vivos y los cocinaban en el momento, éstos eran más apetitosos que los hocicos o las orejas.


El templo de Zhangfei ha sido reconstruido a mayor altura debido a la construcción de la presa de las Tres Gargantas, la cual ha creado una gran crecida de la altura del río.


Las jornadas de turismo de los chinos son bastante duras; el segundo día hicieron sonar la campana a las 5:30 de la mañana para visitar el Pueblo del Rey Blanco situado en una pequeña isla a la que se accede por un altísimo puente.
Desgraciadamente el turismo chino es muy extraño, acostumbran a ir en masa donde una chica explica cosas de continuo con un altavoz y se dedican a tomar fotografías sin control, siempre con alguien delante tapando el monumento o lugar importante.


En la entrada del pueblo había un gran Dragón Blanco, y luego varias salas donde representaban la vida de aquel rey con los guardianes y súbditos.
Desde lo alto vimos la entrada de la primera de las tres gargantas que atravesaremos con el barco, la mayor atracción que nosotros hemos venido a ver.


Para disfrutar de las mejores vistas desde el barco, subimos a cubierta donde curiosamente cobran un plus por estar ahí, pero como nadie habla inglés nos hicimos los locos como que no entendíamos, y al tiempo comenzamos a entrar en la garganta de Qutang con altísimas paredes verticales a los dos lados, mientras el Yangtze se estrecha a tan sólo 100 metros. Lastima de clima que sigue sin acompañarnos y esta todo nublado.


Varias horas más tarde cruzamos la garganta de Wu, al mismo tiempo que pasamos a la provincia de Hubei, donde se aprecian perfectamente los diferentes niveles que ha alcanzado el Yangtze en la historia, esto unido a unas paredes de hasta 900 metros tupidas de vegetación, hace de este lugar un sitio mágico.


A la mañana siguiente mientras atravesamos la garganta de Xiling, no tan impresionante como las anteriores, nos detenemos finalmente en un puerto pues hemos llegado a la presa más grande del mundo; la recientemente terminada Presa de las Tres Gargantas.


La visita está incluida en el precio del crucero, así que mediante diferentes buses nos llevaron por varios puntos de la gran presa con una guía muy simpática que nos fue traduciendo todo para nosotros.

Primero vimos las esclusas para los barcos grandes, los cuales tardan 4 horas en subir o bajar de nivel, un proceso gratuito para ellos, al contrario de los botes pequeños para los que se está construyendo un ascensor especial que asciende o desciende al barco en media hora.

La presa tiene un largo de 2,25 kilómetros, y 185 metros de altura; posee 14 turbinas a un lado y 12 al otro que producen una energía de 700 Mw cada una, el equivalente a 10 centrales nucleares. La presa es tan nueva que hace tan sólo tres días a comenzado a tirar el agua sobrante; en ésta época (de lluvias), mantienen el nivel 30 metros por debajo del nivel de la época seca, para así regular las inundaciones que tantísimas vidas ha llevado durante décadas.


Desde el punto más alto de la presa observamos el Yangtze ensanchado con una ciudad artificial de 40.000 habitantes, la cual se construyó entre 1.992 y 1.998, pues la antigua ciudad ha quedado sepultada bajo las aguas, al igual que otros miles de viviendas y restos arqueológicos.


Con el mismo bus del “tour” fuimos hasta la cercana Yichang donde enlazamos con un bus hasta Wuhan, la enorme capital de Hubei.

Wuhan es la fusión de tres ciudades y actualmente alberga 4,5 millones de habitantes, en la noche es un espectáculo de colores con sus rascacielosiluminados haciendo diferentes dibujos con luces de colores; entre ellos se alza el decimo octavo edificio más alto del mundo con 331 metros de altura.


Pasamos solamente un día en Wuhan para descansar un poco, primero pasamos por una parte de la ciudad con edificios más cochambrosos, de fachadas ennegrecidas, llenos de hierros para colgar la ropa, aunque curiosamente los vecinos preferían colgarla de los cables eléctricos frente a las viviendas.



Al llegar a la calle del río Yangtze, la cosa cambia considerablemente con mejores viviendas, restaurantes bonitos y un ancho paseo desde donde observamos la otra parte de río, también completamente llena de grandes bloques de edificios.