15 mayo 2010

VIGAN Y MANILA

Partiendo del hecho que toda colonización no es buena, viajando en Filipinas hemos descubierto que la colonización llevada a cabo por los españoles no fue tan mala como las colonizaciones de otros países en tierras asiáticas. Tenían una serie de reglas para respetar a los nativos, reglas estrictas que si eran quebradas por algún marinero, se les castigaba. Pero lo más importante de todo, a parte de colonizaciones, es que tales personajes viajando por mares desconocidos y llegando a tierras donde ningún occidental había estado antes en el siglo XVI, con las estrellas como único guía y mapa; eran unos auténticos viajeros, aventureros y exploradores, con mucho valor.

Fernando de Magallanes trabajó para la corona española, y al servicio de Carlos I, consiguió pasar desde el Océano Atlántico al Pacífico a través del Estrecho de Magallanes, alcanzando en un viaje interminable la isla de Samar perteneciente actualmente a las Filipinas. Magallanes fue asesinado en la isla de Mactan por Lapu-Lapu, cerca de Cebú, por lo que Juan Sebastián Elcano tomó el mando y regresó a España, siendo la primera persona en la historia en circunvalar La Tierra, junto a sus 17 hombres que sobrevivieron de los 234 que eran al comienzo de la expedición.

Años más tarde, en 1.564, con Felipe II como rey de España se organizó una expedición partiendo de México, para colonizar las tierras que Magallanes hubo descubierto, esta vez al mando de Miguel López de Legazpi, que al año siguiente llegó a la isla de Samar y navegó entre las islas conquistando la mayor parte del archipiélago, en ocasiones por la fuerza y en otras mediante pactos de amistad con los nativos; lo único que no pudieron tomar fue Mindanao que estaba controlado por los musulmanes.
El archipiélago fue bautizado como Las Filipinas en honor al rey de España de la época, Felipe II.
Urdaneta fue uno de los hombres de Legazpi que más tarde descubriría el “tornaviaje”, la ruta de regreso desde Filipinas a México. Siempre se navegaba el Pacífico de este a oeste, tras cinco intentos fallidos para realizarlo en dirección opuesta, Urdaneta organizó una expedición navegando hasta la altura de Japón y encontró las corrientes que lo llevaron a América, (de oeste a este), descubriendo así una importante ruta naval usada hasta nuestros días.

Volviendo al viaje nuestro del XXI; desde Sagada en La Cordillera viajamos a Vigan justo al oeste, a orillas del mar en la provincia de Ilocos del Sur.
A pesar de su relativa cercanía, no hay buenas carreteras que conecten ambos lugares, y el transporte en jeepneys nos llevaría una eternidad esperando que éstos se llenen, (si se llenan). Por eso comenzamos a las 5:00am en un destartalado autobús que nos lleva a una velocidad de locos junto a valles y montañas (en Filipinas conducen muy rápido), de nuevo hasta la ciudad de Baguio; quisimos llegar lo suficientemente pronto para poder seguir camino y no quedarnos atrapados en ésta ciudad.
En la estación de bus vimos una larguísima cola de gente esperando, y esa era nuestra cola también; debido a las elecciones generales del país que se celebraban al día siguiente, todo el mundo volvía a casa y tuvimos que esperar 5 horas en la estación para poder tomar un bus para Vigan, a otras 5 horas de distancia de Baguio.

Ya de noche y asumidos los precios de Filipinas nos alojamos en el hotel más barato de Vigan, (9€), habitación sencilla pero la casa muy bonita porque es antigua, con mucho estilo.


Lo que primero nos llama la atención de Vigan son nuevamente cosas cercanas a nuestra cultura, por ejemplo puestos donde venden “Empanadas”, y la comida más típica de Vigan, la “Longaniza”, no es igual que España pero está muy buena y más aún teniendo en cuenta el tiempo que no comemos cosas así…


Vigan fue fundada por Juan de Salcedo, el nieto de Legazpi, que vino en la misma expedición que su abuelo, la ciudad fue el centro político, religioso y comercial de Luzon; Vigan es como un museo al aire libre, el mejor ejemplo de arquitectura de la colonización española; la calle Crisologo esta empedrada y con casas de madera antiguas, carteles escritos en castellano, tiendas que venden antigüedades y muebles rústicos, viejos carruajes que sirven de bancos para sentarse…



La Catedral de San Pablo es una de las más antiguas del país, la primera estructura (en madera) se construyó en la época de Salcedo, pero varios terremotos la destruyeron y tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones.
Su interior no varía mucho de cualquier iglesia que se pueda encontrar en cualquier pueblo de España; los nombres de los Santos, las lápidas de los difuntos y todo está escrito en castellano.
Detrás está la archidiócesis de Nueva Segovia, lo que fue y es el centro religioso de la provincia.



En la plaza de Salcedo hay un monumento dedicado unos revolucionarios que lucharon contra la colonización española, Diego Silang, y su esposa Gabriela (la primera mujer revolucionaria de Filipinas), ambos fueron asesinados por los españoles; Diego fue asesinado por un amigo suyo pagado por los colonizadores, y a Gabriela la ahocaron en la plaza principal de Vigan.


En Vigan hay muchas casas de gente reconocida, tanto de españoles como de gente destacada en la política filipina, e incluso la casa natal de Padre Burgos, uno de los tres curas mártires del país, también asesinados por los españoles debido a sus conspiraciones.


Visitamos la casa museo de Crisologo, el que fue gobernador de Ilocos; Crisologo fue asesinado en una emboscada y en el museo conservan hasta los pantalones ensangrentados del hombre. Por lo demás una casa colonial muy bonita, con muebles de la época y muchas fotografías en blanco y negro.



Desde Vigan nos fuimos hacia el sur, a la capital del país, Manila, la cual está unida a otras muchas ciudades conformando una mega-ciudad de 11 millones de habitantes. Como nos habían dicho que era un viaje de unas 8 o 9 horas nos fuimos en un bus por la noche, calculando llegar allí de día pues Manila no es la ciudad perfecta para caminar de noche si no se la conoce. Lo que ocurrió fue que el conductor tenía tal locura, y conducía a tanta velocidad que nos llevó en tan sólo ¡6 horas!, teniendo que hacer tiempo hasta el amanecer.

Manila tiene un buen sistema de skytrain (tren aéreo) para moverse, y en él llegamos a los dos barrios donde está el alojamiento más económico, pero también son los barrios de los clubes, prostitución, drogas, vagabundos y gente durmiendo en cartones en la calle; Ermita y Malate.
No podemos decir que Manila sea muy peligroso, pues por la noche procuramos no salir, pero es cierto que Manila sí es la ciudad en la que hemos sentido mayor inseguridad en todo el viaje; vemos mucho problema de drogas, lo que conlleva a mucha delincuencia y mujeres con muy mal aspecto con niños pequeños, que se prostituyen para sacar dinero para drogarse; se ven carteras de dinero vacías por el suelo (recién robadas) frente a grupos de indigentes; muchísima policía armada, sobre todo frente a los bancos o restaurantes de más clase.

Manila fue fundada por Legazpi en 1.571, bautizada como “La joya del Imperio Español en el Pacifico”; aquí se construyó Intramuros, una fortificación de enormes muros al estilo español para protegerse de invasiones. Alrededor de Intramuros se asentaron diferentes pueblos (extramuros) que después formarían la Manila actual, entre estos pueblos estaban los chinos, que por ser problemáticos, los españoles los ubicaron a todos en un barrio para tenerlos controlados.
A excepción de 2 años en el siglo XVIII, Intramuros fue siempre español, hasta 1.898, que tras la revolución de independencia filipina, los españoles dejaron el país para siempre. Los estadounidenses usaron ésta guerra ayudando a los filipinos para luego quedarse ellos, colonizando el país de nuevo por varias décadas; durante la Segunda Guerra Mundial, los continuos enfrentamientos con los japoneses y los bombardeos destruyeron Intramuros casi por completo.



Dentro de Intramuros está la Catedral de Manila, reconstruida 8 veces; terremotos y tifones se encargaron de echarla abajo, pero la última fue durante los bombardeos japoneses que acabaron con ella.



La construcción que mejor se preserva (en parte) es la Iglesia de San Agustín, la iglesia más antigua de Filipinas; al contrario que la Catedral, ésta soportó multitud de terremotos y tifones sin caerse, sólo las bombas pudieron con ella.
Dentro hay un interesante museo con mucha historia española-filipina, y exposiciones muy interesantes de antiguos periódicos filipinos escritos en español (lengua oficial hasta comienzos del siglo XX); pinturas, reliquias religiosas, y un apartado especial dedicado a Urdaneta y el “tornaviaje”.



Junto al altar de la iglesia se halla la tumba de Legazpi junto a otros compatriotas, fueron todos enterrados juntos y escondidos durante la invasión inglesa en la que Manila sucumbió en sus manos por 2 años.


Un bonito lugar para caminar en Manila es el paseo de Roxas, que bordea parte de la bahía.



Cerca de Intramuros está el parque de Rizal, conocido aquí como “Luneta”, es un gran área verde, bastante bien cuidado, el parque lleva el nombre de uno o quizá el más importante de los mártires filipinos, José Rizal.
En el parque hay una estatua de Lapu-Lapu el hombre que mató a Magallanes y que se convirtió en héroe nacional.


José Rizal nunca fue un revolucionario de armas en mano y batallas, se educó en España durante un periodo de su vida, y fue aquí donde publicó una serie de polémicos artículos; artículos en los que sugería una mayor libertad política para Filipinas durante los que ya eran los últimos años de la colonización española. A su regreso fue exiliado a Mindanao por incitar a la revolución y más tarde otra serie de revolucionarios usaron los lemas de Rizal para luchar contra los españoles, hecho que llevó a la detención de Rizal y su fusilamiento en público en la plaza de “Luneta” el 31 de diciembre de 1896; 2 años antes de la expulsión española. En el lugar de su ejecución hay ahora un monumento en su honor.



La víspera de su ejecución Rizal escribió un emotivo poema llamado “Mi último adiós”


¡Adiós, Patria adorada, región del sol querida,
Perla del mar de oriente, nuestro perdido Edén!
A darte voy alegre la triste mustia vida,
Y fuera más brillante, más fresca, más florida,
También por ti la diera, la diera por tu bien.

En campos de batalla, luchando con delirio,
Otros te dan sus vidas sin dudas, sin pesar;
El sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio,
Cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,
Lo mismo es si lo piden la patria y el hogar.

Yo muero cuando veo que el cielo se colora
Y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;
si grana necesitas para teñir tu aurora,
Vierte la sangre mía, derrámala en buen hora
Y dórela un reflejo de su naciente luz.

Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente,
Mis sueños cuando joven ya lleno de vigor,
Fueron el verte un día, joya del mar de oriente,
Secos los negros ojos, alta la tersa frente,
Sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor

Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo,
¡Salud te grita el alma que pronto va a partir!
¡Salud! Ah, que es hermoso caer por darte vuelo,
Morir por darte vida, morir bajo tu cielo,
Y en tu encantada tierra la eternidad dormir.

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día
Entre la espesa yerba sencilla, humilde flor,
Acércala a tus labios y besa al alma mía,
Y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría,
De tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

Deja a la luna verme con luz tranquila y suave,
Deja que el alba envíe su resplandor fugaz,
Deja gemir al viento con su murmullo grave,
Y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,
Deja que el ave entone su cántico de paz.

Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore
Y al cielo tornen puras, con mi clamor en pos;
Deja que un ser amigo mi fin temprano llore
Y en las serenas tardes cuando por mí alguien ore,
¡Ora también, oh Patria, por mi descanso a Dios!

Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
Por cuantos padecieron tormentos sin igual,
Por nuestras pobres madres que gimen su amargura;
Por huérfanos y viudas, por presos en tortura
Y ora por ti que veas tu redención final.

Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio
Y solos sólo muertos queden velando allí,
No turbes su reposo, no turbes el misterio,
Tal vez acordes oigas de cítara o salterio,
Soy yo, querida Patria, yo que te canto a ti.

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
No tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
Deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
Y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
El polvo de tu alfombra que vayan a formar.

Entonces nada importa me pongas en olvido.
Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré.
Vibrante y limpia nota seré para tu oído,
Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
Constante repitiendo la esencia de mi fe.

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.
Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,
Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,
Amigos de la infancia en el perdido hogar,
Dad gracias que descanso del fatigoso día;
Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría,
Adiós, queridos seres, morir es descansar.

José Rizal, 1896

2 comentarios:

  1. Me han gustado mucho las fotos de Vigan. Realmente parece un pueblo
    español.

    Os sigo con mucho interes desde hace varios meses.

    Saludos desde Sevilla.

    Luis.

    ResponderEliminar
  2. Es verdad que en algunas fotos se encuentran muchas semejanzas con España, qué curioso. Muchas gracias por permitirme viajar en los descansos del estudio (que parece que no acaba nunca) y por enseñarnos cosas más hallá de lo que pone en los libros. Ánimo chicos y un fuerte abrazo desde Madrid.

    ResponderEliminar